Desde que comenzó el segundo confinamiento, las emociones son abrumadoras: hastío, insomnio, estrés, cambios en nuestro estado de ánimo, claustrofobia, temor al contagio o a perder a nuestros seres queridos. La pandemia ha vuelto a sacudir nuestro estilo de vida, presentándonos desafíos en diferentes áreas: profesional, social, económica, emocional. Aunque podríamos aceptar estas circunstancias y asumir que nuestro sufrimiento no se puede evitar, también podríamos utilizar un enfoque distinto para modificar nuestra realidad inmediata y conectarnos con nuestro ser interior.
El primer paso es superar ese patrón inconsciente, tan típico del mundo contemporáneo, de vivir en el futuro, convirtiendo nuestros días en una carrera por hacer y lograr cosas. El budismo nos enseña que todo lo que necesitamos ya está en nosotros y que debemos dejar de esperar a que se nos presente algo mejor. En cambio, podemos disfrutar de manera consciente las cosas pequeñas, que siguen haciendo parte de nuestra rutina: tomar el café despacio en las mañanas, disfrutar la luz del atardecer, desayunar con atención.
Otra enseñanza que nos deja el budismo es despertarnos con una sonrisa y con conciencia de nuestro entorno inmediato. A menudo, lo primero que hacemos cuando nos despertamos en la mañana es revisar el teléfono. Entonces, nos sentimos presionados. Las cosas que tenemos que hacer nos caen encima, consumiendo nuestro día mucho antes de que comience. Así no queremos salir de la cama, porque el día que nos espera es aburrido y no nos pertenece. Si al despertarnos, sonreímos y buscamos algo por lo que sintamos agradecidos, podremos afrontar el día con mayor tranquilidad.
Durante los últimos días todos nos hemos hecho preguntas similares: ¿Por cuánto tiempo estaremos encerrados?, ¿cuándo se resolverá esta situación?, ¿me dará Covid? Sin embargo, estas preguntas nos producen una sensación de preocupación y ansiedad constantes. Cada vez que pensamos obsesivamente en problemas que no podemos solucionar, nos paralizamos. Para remediar esta situación podríamos practicar la respiración consciente del yoga, que también es conocida como respiración mecánica.
Para esto, debemos buscar un lugar cómodo y sentarnos con los ojos cerrados. Debemos tener la columna recta, el pecho levantado, el mentón hacia adentro. Entonces, inhalamos por la nariz contando hasta cinco en nuestra mente, después hacemos una pausa y luego exhalamos, también por la nariz, contando cinco segundos más. Debemos tratar de inhalar y exhalar con la mayor lentitud posible. Cuando hacemos una respiración mecánica, nuestra mente se detiene automáticamente. Además, inhalar y exhalar únicamente por la nariz ayuda a centrar la mente, ya que esta respiración permite que la mente se concentre en el presente y nos ayude a mantener la calma. El pasado ya se fue. El futuro aún no está aquí.
Vivimos en bloques de cemento, respirando aire contaminado y escuchando música y voces todo el día de manera involuntaria. De esta manera, nuestros sentidos se ven bombardeados de estímulos, haciéndonos creer que es imposible que saquemos un minuto para detenernos y simplemente ser. Aunque ahora es más vital que nunca que salgamos de las ciudades y pasemos tiempo en naturaleza, tal vez en las circunstancias actuales nos parezca imposible. Si durante el confinamiento no podemos pasar tiempo en naturaleza, conectarnos con nosotros mismos se vuelve esencial. Si logramos conectarnos con nuestro yo interior, aprenderemos a sentir conexión con todo lo que nos rodea.
Haciendo uso de diversas prácticas espirituales, podemos utilizar la situación excepcional del confinamiento para cambiar nuestras rutinas y superar los patrones inconscientes que hasta ahora han dominado nuestras vidas.



