La vida es un premio a medias y en ocasiones un crucigrama difícil de armar, pero tratamos de lograrlo para bien de nuestra conveniencia.
Al no estar exenta de problemas de todo tipo, la vida nos puede llevar a soluciones inapropiadas cuando incapaces de afrontar con determinación lo que nos hemos buscado o nos ha venido incluido en el premio, optamos por hacer uso del victimismo exagerado o no, para tratar de esconder nuestra rabia, nuestro desengaño o debilidad e incapacidad de lograr por nuestro propio esfuerzo, una vida más plena.
Ser víctima de lo que sea, es aterrador, pero colocarnos en este papel de manera fingida solo por hacer daño, es todavía peor. Si lo hacemos para provocar lastima o la atención que de otra manera no podríamos lograr, estamos obligando a las personas que nos rodean o que estén más cerca de nosotros a caminar de acuerdo a nuestra maléfica faena. Este proceder puede originar graves consecuencias familiares o sociales.
El sufrimiento es opcional, no debería ser impuesto por un mal enfoque de la vida. Cada quien tenemos nuestros propios problemas o nuestras propias adversidades, no se puede ni se debe cargar con el victimismo buscado o inventado por los demás, sean parientes, hijos o esposos. Es suficiente con enfrentarnos a lo que la vida nos depara y saber elegir la manera de afrontar nuestros propios inconvenientes.
Aquellas personas que siempre se están quejando, que asumen el papel de víctimas a toda hora, suelen culpar al mundo entero, pero no quieren salir del hoyo en el que se han hundido. Este estado muy frecuente, es difícil de combatir, si los seres cercanos (esposa, hijos, familiares), no permiten ayuda y se cierran con no me comprenden, no me entienden, no le importo a nadie. Todos quieren hacerle daño o aprovecharse de alguna manera. Ya la buscarán.
Todo este ejercicio de simulación, suele hacerles muchísimo mal a ellos y a los demás. Puede darse el caso de una distorsión perceptiva, que habría que mirar.
Las personas ancladas en el victimismo, por lo general no logran salir del bache, y es posible que ese problema se vuelva irreversible y eterno. Con frecuencia poseen una baja autoestima y recurren al victimismo para lograr sus deseos, es decir, reforzarse. Ej: pobre… que mal estás, la vida ha sido mala contigo, tienes razón en sentirte desgraciado etc. Si los animamos, piensan que no queremos entenderles ni ponernos en su lugar.
En definitiva, estas personas se niegan a cualquier solución, pero no dejan de protestar por lo injusta que es la vida y lo desgraciados que son. Logran el agotamiento propio y el de los demás, convirtiéndose en manipuladores emocionales: te dejo salir si me arreglas la casa, si recoges los juguetes, te quiero más etc.
Lo mejor, si les queremos ayudar, es no entrar en su juego para evitar reforzar su deseo, aunque nos cueste, dada nuestra educación llevada a compadecer a los que sufren y ayudar al desvalido. Aunque se trate de nuestra madre, esa no es la solución.
A las personas victimistas debe abrírseles los ojos para que salgan del problema. Decirles abiertamente que queremos ayudarlas, pero que estamos cansados de sus quejas y de su negatividad, con el fin de terminar con su retorcida estrategia.

