La Justicia es la encargada hacer efectivos los derechos, obligaciones, garantías y libertades consagradas en la Constitución y en las leyes, con el fin de lograr y mantener la convivencia social. Las víctimas serán tratadas con compasión y respeto por su dignidad. Tendrán derecho al acceso a los mecanismos de la justicia y a una pronta reparación del daño que hayan sufrido, según lo dispuesto en la legislación nacional. No hay una receta certera para construir un Estado de paz, pero sabemos que existen elementos claves en los que se tienen que trabajar de manera paralela para conseguirla y estos son: la reconciliación, el perdón, la justicia social, la educación, la seguridad y cero impunidad.
Es preocupante que hoy en día las mismas personas que no pagaron un día de cárcel por sus horribles crímenes, se presenten como moralistas de la sociedad, ganando un sueldo que pagamos todos los colombianos, alegrándose con la condena de otros y evocando que se hizo justicia. No deja de ser cuestionable que se pase por encima de sentencias proferidas por las ramas judiciales y se busca la liberación de delincuentes para transformarlos en gestores de paz. Sería un pésimo mensaje que se transmitiría a la población en general, y sobre todo a los más jóvenes, de que ser victimario paga.
El delincuente, como persona que infringe la ley penal, es un sujeto que requiere un tratamiento especial que tenga como fin la resocialización de éste a la comunidad, de tal manera que la pena o sanción que se le impone al responsable de la comisión de un delito debe cumplir con esta finalidad, conllevando a que el penado no reincida nuevamente en la infracción de las normas. El presidente de El Salvador la tiene muy clara y los índices de violencia bajaron a índices históricos jamás vistos en ese país, con su tolerancia cero.
La función de las cárceles tiene que ver con este proceso de resocialización. Los establecimientos carcelarios deberían estar equipados con las herramientas necesarias y profesionales que garanticen esa reinserción con programas organizados y después de salir de la cárcel un permanente acompañamiento de control y evaluación. Preocupen las alarmantes cifras de reincidencia por los altos indicies de pobreza y la falta de oportunidades para ganar el pan de cada día, aunque delinquir jamás debería ser una justificación para solucionar problemas de esa índole.
Creo que no hay ningún ciudadano que no desee la paz total, es un anhelo que todos deseamos como colombianos. La paz no puede tener ideología, todos tenemos que poner nuestro granito de arena para alcanzarla. Tampoco se puede hacer caso omiso de la justicia, pues la paz necesita de ella para fortalecerse y proteger a las víctimas en todo este proceso. Hay la sensación de que las víctimas fueron abandonadas y los victimarios premiados. Pero si no hay reconciliación y un verdadero perdón, continuaremos a ser víctimas de nuestro propio odio y resentimiento.
Como afirmaba San Juan Pablo II: No hay paz sin justicia, y no hay justicia sin perdón. Sin estas raíces muy difícilmente alcanzaremos la paz total y seguiremos en una peligrosa paz parcial.



