El 36% de los colombianos vive en condición de pobreza monetaria. De ellos, el 12,9% sufre además los efectos de la pobreza multidimensional. Y lo más doloroso: en un país donde se pierden 9,7 millones de toneladas de alimentos al año, la inseguridad alimentaria afecta al 30% de la población. Esta cifra parte el alma.
La desnutrición es una tragedia silenciosa: el 4,9% de la población presenta morbilidad asociada a la desnutrición grave. En 5 de cada 100 hogares, al menos una persona ha sentido hambre en el último año. En otras palabras, 1,7 millones de colombianos solo logran comer dos veces al día. Aún más alarmante: el 67% de quienes padecen inseguridad alimentaria extrema se ve obligado a reducir su consumo diario como única estrategia de supervivencia.
Las cifras son escalofriantes. En 2023, se reportaron 21.867 casos de morbilidad por desnutrición infantil, una cifra en aumento. Y lo más explícito: 377 niños murieron por esta causa. Al mismo tiempo, 6,9 millones de personas sobreviven en condiciones de pobreza extrema. Se estima que medio millón de niños menores de cinco años sufre desnutrición crónica. Sus cuerpos y cerebros no crecen como deberían. Las consecuencias serán devastadoras: podrían tener hasta un 14% menos de coeficiente intelectual y 54% menos ingresos en su vida adulta.
Vivir con menos de 198.000 pesos mensuales no les permite siquiera acceder a la canasta básica de alimentos. Las causas son múltiples y estructurales: desplazamiento forzado, migración, desigualdad, desastres naturales y, como agravante principal, una inflación que en el último año alcanzó el 27,8%.
Pero hay otra forma de hambre: el hambre oculta. Es la carencia de micronutrientes esenciales —como hierro, calcio y vitaminas—, especialmente en niños. Se estima que más del 50% de los colombianos sufre este tipo de deficiencias, lo cual disminuye sus niveles de energía, afecta su claridad mental y su rendimiento académico y laboral. Si no se actúa con urgencia, para 2030 el mundo enfrentará 220 millones de personas en esta condición.
En Colombia, el indicador de talla en niños —referente clave de nutrición— se redujo del 26,1% en 1990 al 10,8% en 2015, pero aún falta mucho. Garantizar una dieta adecuada que incluya las 2.000 calorías diarias recomendadas, junto con micronutrientes vitales, es un principio básico de humanidad.
Finalmente, una alerta que no podemos ignorar: la probabilidad de que Colombia registre hasta 1.000 muertes por cada 100.000 nacidos vivos por causas relacionadas con la malnutrición infantil no es aceptable. Hoy, 2,8 millones de niños mueren al año en el mundo por causas evitables asociadas a la desnutrición.



