La administración de Sincelejo enfrenta una bomba social con los vendedores ambulantes, mientras los anuncios oficiales parecen más espectáculo político que soluciones reales.
El tema de los vendedores ambulantes y estacionarios en Sincelejo es una bomba de tiempo con el temporizador activado. La gran pregunta es: ¿Qué hará la administración municipal para evitar que explote?
Bajo el mandato del alcalde Yahir Fernando Acuña Cardales, se han anunciado con bombos y platillos programas de reordenamiento del comercio informal, recuperación del espacio público, modernización del mercado de abastos e incluso la renovación del transporte urbano.
Sin embargo, como suele ocurrir cuando la politiquería se disfraza de estrategia, los resultados son escasos y la realidad termina golpeando al ciudadano común: los vendedores que hacen de la calle su sustento diario.
- El caso del Mercado La Paz: una promesa vacía
El Mercado La Paz es el ejemplo más claro. Reabierto en agosto de 2024 para unos 300 vendedores, fue presentado como la gran apuesta para formalizar el comercio informal. Pero, a un año de su inauguración, los locales lucen vacíos y las puertas cerradas.
El alcalde insiste en que “el mercado nunca ha cerrado” y que la estrategia continúa activa, pero los hechos lo desmienten: los vendedores regresaron a las calles, los compradores desaparecieron y la promesa de dignificación laboral se desvaneció tan rápido como el entusiasmo inicial.

La realidad que golpea a Sincelejo | La capital sucreña atraviesa una crisis estructural:
- Inseguridad en aumento.
- Desempleo e informalidad laboral.
- Déficit administrativo cercano a $120.000 millones, según el Ministerio de Hacienda.
- Falta de oportunidades reales.
Este panorama no se resuelve con discursos grandilocuentes ni con “mesas de trabajo” que se anuncian y nunca producen resultados.
- La informalidad: un problema de fondo
La informalidad laboral no es una elección, es una necesidad. Los vendedores ambulantes no están en las calles por gusto, sino porque no hay empleo formal suficiente ni condiciones económicas estables. Los programas de reubicación deben ser sostenibles y reales, no simples vitrinas de campaña. De lo contrario, se repite el ciclo del fracaso: anuncios, fotos y olvido.
La “estrategia” de la actual administración parece más un fin electoral que una verdadera política de ciudad. Los anuncios sobre un “mercado moderno”, “transporte nuevo” o “ciudad segura” se quedan en promesas sin respaldo financiero ni logístico. Aunque se han creado espacios de diálogo con los vendedores, estos llegan tarde: los comerciantes están cansados de promesas incumplidas y proyectos que no se sostienen.
- Entre el discurso y la realidad
Mientras la Alcaldía presume reducción en la tasa de informalidad, la realidad en las calles dice lo contrario:
- Locales vacíos.
- Incentivos que se evaporan.
- Reubicaciones sin compradores.
En lugares como la Plaza de la Paz y El Papayo, los vendedores reubicados han regresado a las calles ante la falta de clientela. El resultado: aumento del mototaxismo, competencia desleal y caos en el espacio público.

El transporte urbano fue otro compromiso incumplido. Se prometió una nueva flota de busetas y rutas mejoradas, pero la realidad es otra: poca cobertura, escasos vehículos y baja eficiencia. Sin un sistema de transporte funcional, la movilidad de trabajadores y comerciantes sigue limitada, lo que agudiza el problema del rebusque callejero.
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La falta de planificación es la constante. En Sucre, las administraciones parecen especializarse en “shows políticos” donde los anuncios superan a las acciones. Mientras tanto, el pueblo —ese que madruga a vender, cocinar o trabajar por el sustento diario— sigue esperando soluciones reales y sostenibles.
- Diciembre, fiestas y olvido temporal
Con la llegada de diciembre y las fiestas del 20 de enero, la ciudad se llena de luces y discursos, pero los problemas se esconden bajo la alfombra. El hambre y la necesidad, sin embargo, no se disimulan con festividades.
¿Qué necesita realmente Sincelejo?
- Verdad en los números: publicar cifras reales sobre reubicación, deserción y resultados.
- Sostenibilidad: programas con acompañamiento, crédito y promoción constante.
- Articulación: coordinar comercio, movilidad y empleo como un solo sistema.
- Menos teatro político: las mesas de diálogo deben generar resultados medibles.
- Reconocimiento a la economía popular: los vendedores no son un problema, son parte del motor económico local.
Hasta el momento, la estrategia del alcalde Yahir Acuña no pasa de ser un paño de agua tibia. Se anuncian programas y campañas, pero los problemas persisten: vendedores en las calles, transporte ineficiente y crisis financiera. Si no se generan resultados visibles y sostenibles, la informalidad se agravará, y serán los más pobres quienes paguen la factura.
Sincelejo necesita menos politiquería y más gestión con contenido real. Porque vender en la calle no es un delito ni una excusa: es supervivencia, el reflejo de una ciudad que sigue esperando soluciones verdaderas.




