La Mojana volvió a alzar la voz. Hoy, mientras sus comunidades anuncian paros y movilizaciones, Colombia observa —casi sin sorpresa— cómo una de las tragedias humanitarias más prolongadas del país sigue sin una solución real. El boquete de Caregato, donde el río Cauca se desbordó y alteró por completo la vida de miles de familias, permanece abierto como una herida sin cerrar. Lo más indignante es que, tras millones invertidos, promesas grandilocuentes, visitas oficiales y reformulaciones técnicas, La Mojana está igual o peor que en 2021.
Lo ocurrido en Caregato se ha convertido en símbolo de la mala gestión del riesgo en Colombia: obras improvisadas, soluciones anunciadas sin sustento técnico, burocracia que se excusa en trámites y un Estado —este y los anteriores— que usa la tragedia como escenario político. La Mojana está cansada, frustrada y decepcionada… y no es para menos.
Las obras contratadas por la UNGRD y las administraciones locales han sido un desfile de incumplimientos: dragados inconclusos, jarillones débiles, estudios costosos que luego se desechan y ciclos interminables de “reformulaciones” que terminan en nada.
La reciente crisis de corrupción dentro de la UNGRD solo confirmó lo que las comunidades sospechaban: mientras miles perdían casas, cultivos y animales, algunos funcionarios jugaban con los recursos destinados a su recuperación.
- La suspensión de la Ruta 2: otra señal de inacción
A este panorama se suma la decisión del Gobierno actual de suspender lo poco que se había avanzado en la llamada Ruta 2, un proyecto que, aunque con falencias, representaba una alternativa técnica para mitigar el desbordamiento del Cauca. La orden fue “revisar, repensar, reformular”, un eufemismo para justificar la inacción. Mientras tanto, el río volvió a cobrar factura.
El paro que hoy mantienen las comunidades es consecuencia de años de burla institucional. Ya no piden promesas: exigen hechos. Reclaman un cierre técnico definitivo del boquete, obras de protección verificables, un plan hidráulico serio y respeto. Respeto por su territorio, su dignidad y su derecho a vivir sin miedo a perderlo todo en cada temporada de lluvias.
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Los responsables existen: directores de la UNGRD que pasaron sin soluciones, gobernadores que dieron la espalda, alcaldes ausentes y un Gobierno nacional que ha preferido la retórica sobre la acción.
- Una región productiva atrapada en el olvido
Mientras en Bogotá se debaten reformas, miles de familias siguen moviéndose en canoas improvisadas, perdiendo cosechas y viendo cómo sus hijos crecen sin garantías mínimas. La tragedia de La Mojana no puede seguir siendo un telón de fondo para discursos vacíos. Se requiere:
- Cierre definitivo y técnico del boquete de Caregato.
- Auditoría rigurosa de los recursos invertidos.
- Responsabilidad penal y administrativa para los responsables.
- Continuidad en los proyectos sin depender del cambio de gobierno.
La Mojana no pertenece a ningún partido político. Pertenece a sus habitantes y a Colombia. Su dolor es el dolor del país. Mientras no haya soluciones reales, seguirá en paro, seguirá resistiendo y seguirá exigiendo lo que le han negado por años: respuestas, obras y respeto.

