Colombia se juega su futuro institucional en las próximas elecciones legislativas: un Congreso fuerte será clave para frenar el autoritarismo y reconstruir el país.
Que contar con un Congreso sólido y responsable es tan importante como elegir un Presidente serio y eficaz quedó en evidencia frente a las tentaciones autoritarias de Gustavo Petro y el balance negativo de su gobierno. Así como las Cortes han cumplido un rol fundamental en la defensa de la Constitución, la ley y el control de los funcionarios con fuero, el Congreso ha sido un muro de contención frente a los desvaríos legislativos de la izquierda, que gobierna mal y ha estado marcada por escándalos de corrupción. Aunque el control político no siempre ha sido tan riguroso como se esperaba, ha existido y ha sido determinante.
Es cierto que algunos parlamentarios se vendieron al Gobierno a cambio de contratos y recursos, en medio de una vergonzosa operación de saqueo, como la de la UNGRD y otras entidades. También lo es que partidos como el Liberal, Conservador y Mira apoyaron a Petro al inicio de la legislatura. Sin embargo, con el paso del tiempo y ante los errores y horrores del Gobierno, estos partidos comenzaron a desmarcarse.
El expresidente César Gaviria neutralizó el intento del petrismo por tomarse el Partido Liberal y asumió una oposición frontal. Efraín Cepeda desempeñó un papel clave durante su presidencia del Senado y el Mira, finalmente, entró en razón. Aun así, estas colectividades siguen fracturadas, y algunos de sus congresistas continúan alineados con el Gobierno.
El único partido consistente, sólido y sin fisuras en la oposición a Petro ha sido el Centro Democrático. Sin ambigüedades ni fracturas internas, su bancada ha defendido la democracia, las libertades y el Estado de derecho, convirtiéndose en la voz clara de la oposición en el Congreso.
Si este Congreso ha sido importante para contener el daño del petrismo, el próximo será vital. Lo será tanto si el próximo Presidente es un demócrata, como si —Dios no lo quiera— llega alguien como Cepeda, mucho más radical que Petro, metódico, ideológicamente formado en la línea dura del Partido Comunista y cercano a las Farc. Cuatro años más de izquierda en el poder serían incalculables en sus daños y convertirían la pérdida de la democracia en una certeza.
La próxima legislatura exige una mayoría democrática amplia y sólida, que no dependa de mercenarios de la política, siempre gobiernistas, al estilo de Roy Barreras y Armando Benedetti, que cambian de ideas según quién ocupe la Casa de Nariño. Estos personajes, al servicio de sus intereses personales y no de la Nación, se venden por cargos, contratos y millones. Si con ellos la izquierda hace mayoría, perderemos el país.
Colombia necesita parlamentarios bien formados, ideológicamente sólidos, honrados y con carácter, capaces de:
- Reconstruir los aparatos de inteligencia, evitando su uso como policía política.
- Fortalecer la Fuerza Pública, con reglas claras y sin persecución judicial.
- Establecer límites temporales a la JEP y evitar la impunidad de crímenes internacionales.
- Defender los derechos de las minorías sin privilegios injustificados.
- Reglamentar la protesta social para que no se convierta en violencia.
- Ordenar la consulta previa y las licencias ambientales, evitando abusos y bloqueos arbitrarios.
- Recuperar un sistema de salud eficiente, con acceso oportuno a médicos y tratamientos.
- Garantizar educación de calidad, especialmente en zonas rurales y preescolar.
- Asegurar austeridad fiscal, un estatuto anticorrupción real y contratación pública transparente.
- Dar seguridad jurídica y avanzar en una reforma tributaria responsable que alivie a los ciudadanos.
El próximo Congreso también debe abordar la reforma del sistema de investigación y juzgamiento del Presidente. La Comisión de Acusaciones es, sin exagerar, una vergüenza institucional.
El Centro Democrático, su comité de notables, su director Gabriel Vallejo y el presidente Álvaro Uribe Vélez me han ofrecido el segundo renglón en su lista al Senado. Es un honor y un gesto de confianza que agradezco y he aceptado. Es momento de servir a la Patria con carácter, generosidad y disciplina.

