En Sucre, Córdoba y Bolívar, el traslado del ganado no es tradición ni capricho: es una estrategia de supervivencia frente al verano y la escasez de agua.
En la Costa Caribe colombiana, la trashumancia ganadera no responde a una costumbre del pasado ni a una práctica anacrónica. Es, en la realidad actual del campo, una decisión vital para la supervivencia del ganado y la economía de miles de familias rurales.
En departamentos como Sucre, Córdoba y Bolívar, donde el verano castiga con dureza las sabanas, el traslado estacional de los animales hacia zonas bajas y ribereñas se convierte en la única alternativa para preservar el hato, sostener la producción y evitar pérdidas irreversibles.
En este contexto, el pasado miércoles 17 de diciembre se desarrolló una mesa de trabajo en la Secretaría del Interior de la Gobernación de Sucre, con la participación de líderes del gremio ganadero, representantes de la Fuerza Pública y funcionarios departamentales.
El objetivo fue revisar y ajustar las medidas establecidas en el Decreto 0973 del 31 de octubre, que regula el orden público, la seguridad ciudadana y el horario de circulación de semovientes en el departamento.
Aunque la norma fue concebida con fines de seguridad, no contempló de manera explícita la realidad de la trashumancia, que ya se encuentra en pleno desarrollo durante los meses de noviembre y diciembre, cuando los ganaderos movilizan sus animales desde sabanas agotadas hacia regiones como La Mojana y las riberas de los ríos Cauca y San Jorge.
Estos desplazamientos implican recorridos complejos de varios días y decenas de kilómetros, atravesando carreteables rurales, ciénagas y caños. Para el ganadero caribeño, no mover el ganado significa perderlo.
Tras un diálogo amplio y constructivo, las partes lograron consensos clave. Como conclusión principal, la Gobernación de Sucre anunció que en los próximos días se expedirá una nueva disposición que introducirá mayor flexibilidad normativa, reconociendo la trashumancia como una práctica legítima y necesaria, sin renunciar a los controles de seguridad.
- Medidas de seguridad para proteger al ganadero y al territorio
Durante la mesa de trabajo se acordaron acciones mínimas de seguridad para reducir riesgos durante la movilización del ganado:
- Uso obligatorio de chalecos reflectivos por parte de los vaqueros
- Instalación de luces intermitentes en la cabeza y cola de cada lote en movimiento
- Porte de documentación que acredite propiedad, origen y destino del ganado
Estas medidas buscan prevenir accidentes, evitar extravíos y combatir el delito de abigeato, una de las mayores amenazas para el sector pecuario.
Uno de los anuncios más relevantes fue el compromiso de la Secretaría del Interior de iniciar la recuperación de las “rutas ganaderas”, también conocidas como mangas ganaderas o caminos reales.
Con el paso del tiempo, muchos de estos corredores tradicionales han sido ocupados de manera irregular, bloqueando el tránsito del ganado y generando conflictos. Su recuperación es vista como una medida clave para la seguridad, la convivencia y la sostenibilidad del sector.
Otro punto central fue la reglamentación de los embarcaderos de ganado en las fincas. El acuerdo apunta a su legalización y registro, permitiendo a las autoridades verificar quién moviliza animales, cuántos y hacia dónde.
Se dejó claro que los embarcaderos no pueden ser prohibidos, ya que hacen parte esencial de la actividad ganadera, pero su regulación es urgente para cerrar el paso al hurto masivo de ganado, una modalidad delictiva en aumento.
El gremio ganadero expresó su respaldo a la Fuerza Pública, destacando la labor del Batallón Junín, el BIM 14 y la Policía de Carabineros de Sucre y Córdoba, por su acompañamiento permanente en zonas rurales.
Este respaldo refleja una conclusión clara: la seguridad del campo solo es posible con trabajo articulado entre autoridades, fuerza pública y productores.
La trashumancia ganadera es patrimonio cultural, económico y social del Caribe colombiano. Regularla con sensatez y entendimiento no solo protege la seguridad, sino que garantiza la continuidad de una actividad que hoy salva al campo de la ruina. En tiempos de crisis climática y amenazas a la seguridad rural, producir y proteger deben ir de la mano.

