La recta final hacia la primera vuelta presidencial de 2026 continúa mostrando un escenario político profundamente polarizado y con dos bloques claramente definidos. La más reciente encuesta de Invamer para Noticias Caracol, divulgada a pocos días de iniciar la veda electoral, confirma que Iván Cepeda mantiene el liderazgo en intención de voto, mientras Abelardo de la Espriella fortalece su posición como principal figura de oposición y amplía significativamente su ventaja frente a Paloma Valencia.
Según la medición, Cepeda alcanza el 44,6 % de intención de voto en primera vuelta y registra un leve crecimiento frente al sondeo anterior. Aunque la cifra todavía no le garantiza una victoria definitiva en primera vuelta, sí representa el nivel más alto alcanzado hasta ahora por el candidato del Pacto Histórico y fortalece la narrativa de continuidad que impulsa el oficialismo alrededor del proyecto político del presidente Gustavo Petro.
El dato más llamativo de la encuesta, sin embargo, está en la consolidación de De la Espriella dentro del bloque opositor. El candidato obtiene el 31,6 % de intención de voto y prácticamente duplica a Paloma Valencia, quien registra un 14 %. La diferencia refleja un reordenamiento dentro de la derecha colombiana y debilita la estrategia del llamado “voto útil” que buscaba concentrar apoyos alrededor de la candidatura uribista.
La tendencia también coincide con otras mediciones recientes que muestran un crecimiento sostenido de De la Espriella en sectores conservadores, empresariales y votantes inconformes con la situación de seguridad y orden público del país. Aunque las encuestas siguen mostrando diferencias metodológicas importantes entre firmas, el comportamiento general evidencia que la disputa por la segunda vuelta parece cada vez más concentrada entre el oficialismo y una oposición de derecha con mayor capacidad de articulación electoral.
Otro elemento políticamente relevante de la encuesta es que Cepeda logra mantenerse competitivo en los escenarios de segunda vuelta, algo que otras mediciones recientes ponían en duda. Según Invamer, el candidato del Pacto Histórico derrotaría tanto a De la Espriella como a Paloma Valencia en un eventual balotaje, con ventajas superiores a siete puntos porcentuales. El dato contrasta con encuestas como la de Guarumo, que proyectan escenarios favorables para la oposición.
Lejos de invalidarse entre sí, estas diferencias reflejan el nivel de volatilidad política que atraviesa actualmente el país. Las encuestas no son predicciones definitivas sino fotografías parciales del clima electoral, condicionadas por variables metodológicas, composición regional de la muestra, fecha del trabajo de campo y comportamiento del voto indeciso.
Precisamente, el universo de electores aún sin decisión definitiva aparece como uno de los factores más determinantes de la elección. Diversos análisis señalan que cerca de una cuarta parte del electorado todavía podría modificar su voto en los días previos a la primera vuelta, especialmente en un contexto de alta polarización emocional y desgaste institucional.
La encuesta también ratifica la profunda debilidad del centro político colombiano. Sergio Fajardo y Claudia López apenas superan el 2 % de intención de voto, confirmando que los discursos moderados y de conciliación continúan perdiendo espacio frente a candidaturas más ideologizadas y confrontacionales.
En términos estructurales, el estudio deja una conclusión de fondo: Colombia parece dividida en dos bloques políticos prácticamente equivalentes. Ante la pregunta sobre si votarían por un candidato cercano o contrario al Gobierno Nacional, el país aparece partido casi en mitades idénticas entre quienes respaldan la continuidad del proyecto petrista y quienes buscan un cambio de rumbo político.
Ese clima de polarización también se refleja en la percepción ciudadana sobre seguridad y gobernabilidad. El orden público se consolida como la principal preocupación nacional para los encuestados, alcanzando su nivel más alto desde 2017. Además, una mayoría considera que la política de “paz total” avanza por mal camino, percibe un deterioro en las condiciones de seguridad y cree que el Estado ha perdido control territorial en varias regiones del país.
En consecuencia, la campaña presidencial entra en su fase más decisiva marcada por tres factores centrales: la capacidad de movilización del oficialismo, la consolidación de una oposición competitiva y el comportamiento de un electorado indeciso que podría terminar inclinando la balanza en una elección cada vez más cerrada y emocional.

