Esta primera etapa de la contienda presidencial la ganó el «Tigre» Abelardo y la perdió Iván Cepeda por algo más de 700 mil votos. Sin embargo, no todo está ganado ni todo está perdido. Esa realidad aplica para ambos bandos.
Pese a que Cepeda contó con toda la maquinaria del Gobierno, con los recursos del Estado a su disposición y con una intervención en política que muchos consideran abierta y descarada por parte de funcionarios públicos, no logró imponerse en esta primera vuelta.
Ese resultado también deja una enseñanza: si los colombianos tomamos conciencia de la necesidad de salvar al país de una crisis mayor, si dejamos atrás prejuicios y tendemos la mano a quienes aún están indecisos o han cometido errores de apreciación política, será posible derrotar con amplitud la propuesta representada por Petro y Cepeda.
Esa razón debería ser más que suficiente para evaluar con serenidad los riesgos de una decisión equivocada. Lo que está en juego no es únicamente una elección presidencial; también están en juego la estabilidad económica del país, la tranquilidad de las familias y la seguridad física y emocional de millones de colombianos.
Colombia vive horas de enorme complejidad. Por eso las decisiones que se adopten durante las próximas semanas serán cruciales. La prioridad debe ser construir una gran convergencia nacional alrededor de un objetivo común: derrotar la propuesta política que representan Petro y Cepeda.
Las tareas deben distribuirse estratégicamente entre Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo, aprovechando las fortalezas de cada uno.
Abelardo debe intensificar su labor de convencimiento entre los indecisos y entre quienes hoy reconsideran su voto. También deberá poner al servicio de la campaña sus relaciones internacionales y sus conocimientos jurídicos, herramientas que podrían resultar determinantes en esta etapa decisiva.
Lo que viene no será sencillo. Se anticipan momentos de alta tensión política y social. Habrá sectores dispuestos a promover escenarios de confrontación, caos e inestabilidad con el propósito de favorecer determinadas causas políticas. Frente a ello, la institucionalidad y la ciudadanía deberán mantenerse vigilantes.
Por su parte, el doctor José Manuel Restrepo, candidato vicepresidencial, debe asumir un papel fundamental. Su formación académica, su capacidad de diálogo y su espíritu conciliador pueden contribuir a tender puentes, generar confianza y fortalecer una gran coalición democrática.
Colombia atraviesa una de las crisis más profundas de su historia reciente. Y en circunstancias como estas, las divisiones entre quienes comparten principios fundamentales pueden resultar más peligrosas que las diferencias con los adversarios.
La reconciliación entre quienes hoy se encuentran distanciados exige generosidad, humildad y, para muchos creyentes, la presencia de Dios como guía para reconstruir la unidad nacional alrededor de los valores que históricamente han sustentado la moral y la institucionalidad de la República.
De igual forma, los medios de comunicación comprometidos con la democracia y la Constitución deben continuar ejerciendo su labor crítica y vigilante, sin renunciar a su responsabilidad de defender las libertades fundamentales. La crítica periodística es necesaria cuando busca corregir, orientar y mejorar; pierde su valor cuando se convierte en un instrumento de división permanente.
Solo tenemos una alternativa claramente definida en esta segunda vuelta: la fórmula integrada por Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo.
Por supuesto, también merecen respeto los medios de comunicación y los sectores políticos que tienen posiciones ideológicas distintas o cercanas a la izquierda. Esa pluralidad forma parte de la esencia de cualquier democracia.
Al final de cuentas, si triunfan Abelardo y José Manuel, todos los sectores gozarán de las garantías propias de un sistema democrático. Esa es precisamente la naturaleza de la democracia: proteger incluso a quienes piensan diferente.
Muchos observan con preocupación experiencias internacionales donde gobiernos de orientación autoritaria han restringido la libertad de prensa y limitado la libre expresión de las ideas. Colombia debe evitar cualquier escenario que ponga en riesgo esos principios.
Por eso, en este momento decisivo, todos estamos llamados a actuar con responsabilidad. Como los bomberos frente a una emergencia, cada ciudadano tiene un papel que cumplir. Todos somos necesarios, incluso desde nuestras diferencias. Y precisamente por amor a la patria, debemos encontrar puntos de encuentro para enfrentar los desafíos que amenazan la estabilidad de la nación. No hay espacio para la indiferencia.
Finalmente, felicitaciones al registrador nacional, doctor Hernán Penagos, y a todas las autoridades, funcionarios, jurados y ciudadanos que hicieron posible una jornada electoral en paz. Que ese ejemplo se repita y se fortalezca en la segunda vuelta.



