La política tiene una particularidad: pocas veces las coincidencias son realmente coincidencias. Y cuando tres de los hombres más cercanos al alcalde Dumek Turbay abandonan simultáneamente sus cargos para quedar habilitados de cara a las elecciones de 2027, la pregunta surge inevitablemente: ¿estamos viendo simples decisiones personales o el arranque formal de una campaña por la continuidad del poder?
Dayro Bustillo, Campo Elías Terán y Bruno Hernández aseguran que su salida responde a la necesidad de prepararse académicamente y evitar futuras inhabilidades. Es una explicación legítima. Pero también es imposible ignorar que los tres integran el círculo de mayor confianza del mandatario y que sus renuncias ocurren exactamente dentro de los tiempos que exige la ley para aspirar a la Alcaldía de Cartagena.
La ciudad tiene derecho a preguntarse: ¿quién de ellos será el verdadero heredero político de Dumek Turbay? ¿O acaso la estrategia consiste en lanzar varios nombres para medir fuerzas mientras el alcalde conserva el control del tablero?
Las dudas van más allá de los movimientos burocráticos. Cartagena de Indias enfrenta problemas profundos en seguridad, pobreza, movilidad, empleo e infraestructura. ¿Está la administración concentrada en resolverlos o ya comenzó la carrera para conservar el poder en 2027 y tapar sus errores?
Resulta llamativo que los tres exfuncionarios hablen de continuidad. Continuidad de qué exactamente. ¿De los proyectos en ejecución? ¿De una forma de gobernar? ¿O de un grupo político que busca extender su influencia durante otro periodo?
La discusión es necesaria porque la democracia no puede convertirse en una simple sucesión entre aliados. Los cartageneros merecen saber si la prioridad es construir ciudad o construir candidaturas.
También es válido preguntarse si esta carrera temprana beneficia a Cartagena. Faltan más de quince meses para las elecciones y el debate público ya empieza a girar alrededor de nombres, aspiraciones y cálculos electorales. Mientras tanto, miles de ciudadanos siguen esperando respuestas concretas a problemas cotidianos que no admiten pausa.
Las renuncias dejan otro interrogante incómodo: si los funcionarios consideran que están preparados para gobernar la ciudad, ¿por qué necesitan apartarse ahora para fortalecerse académicamente? ¿No era precisamente el ejercicio de sus cargos la mejor prueba de sus capacidades de liderazgo y gestión?
Dumek Turbay agradeció la lealtad de sus alfiles. Y es comprensible. Han sido piezas clave de su administración. Sin embargo, la verdadera lealtad que Cartagena espera de cualquier dirigente no es hacia un líder político, sino hacia los ciudadanos.
La sucesión está en marcha. El reloj electoral comenzó a correr. Pero la pregunta que realmente importa no es quién será el próximo candidato del dumekismo.
La pregunta es mucho más profunda: ¿Cartagena elegirá en 2027 a un nuevo alcalde o simplemente al próximo administrador del mismo proyecto político?



