El alcalde Dumek Turbay continúa caminando esa delgada línea de la intervención en política. En declaraciones dadas al portal Visor Caribe Noticias (medio del que hace parte el periodista y contratista de la Gobernación de Bolívar Cristyan Camilo De Voz Hernández), parece aconsejarle a los cartageneros que deberían elegir como próximo alcalde alguien que continúe su manera de gobernar.
Turbay plantea que los que cuestionan su gestión no deberían ser alcalde(sa), dado que son «ciegos a las transformaciones, ante las ejecutorias, ante los logros que ha alcanzado». De esto lo que podría concluirse es que, prácticamente, los cartageneros no tendrían sino la opción de elegir a uno de sus ungidos.
Su argumento, aparte de limitado (como casi todo lo de él), demoniza el control ciudadano y convenientemente oculta no solo la labor de la pasada administración, sino también todo lo que hemos develado aquellos que decidimos no sucumbir a la presión de todos los que rodean a Turbay.
En su momento cuestioné duramente al alcalde William Dau, especialmente por haberse rodeado de algunas personas que no merecieron ser parte de su círculo y que le hicieron mucho daño a su gestión. Esto sumado al torpedeo continuo del Concejo de Cartagena, típicamente acostumbrado a las prácticas clientelistas y malsanas de hacer política.
Por tanto, mal hace el alcalde Turbay en no reconocer los logros de su antecesor, sobre todo en materia fiscal y en parte de las obras que su administración heredó al arranque del 2024 y que hoy, irónica y soslayadamente, prefiere no mencionar. Al exalcalde Dau tengo que reconocerle que resultó ser, de lejos, más demócrata que Turbay. Aclarando que este último de demócrata, pocón pocón. Aparte de mentiroso y ordinario, es más bien autoritario, déspota y patán.
Ahora bien, si miramos quiénes están alrededor del actual alcalde, el panorama no cambia mucho. Su gabinete está plagado de gente incompetente, pero bastante obediente, que es exactamente lo que le sirve a un tipo como Turbay y sus ya conocidas maneras de gobernar y contratar.
Turbay, desde que fue gobernador, ha venido tratando de vender una imagen de gran ejecutor y le ha funcionado con una porción de la población, esa que generalmente no está interesada en conocer la minucia de la contratación. Dice el refrán que ‘el diablo está en los detalles’.
La cotidianidad de los cartageneros gravita entre el hambre, el desempleo, la mala calidad de la educación y la inseguridad. Con ese escenario es difícil concentrarse en lo relevante: que Turbay, con la connivencia del Concejo de Cartagena, ha endeudado a la ciudad hasta los tuétanos y que la mayoría de las multimillonarias obras que alardea no solo son innecesarias, sino que han sido adjudicadas a empresas amigas o con cuestionamientos.
Muchos de los procesos licitatorios de estos proyectos los denuncié formalmente ante la Fiscalía por las conductas punibles de falsedad en documento, fraude procesal, celebración de contratos sin requisitos legales, acuerdos restrictivos de la competencia (colusión), prevaricato e interés indebido en la celebración de contratos.
Eso es lo que, convenientemente, omite mencionar el burgomaestre, como tampoco nos dice cómo consigue el dinero con el que mantiene su estilo de vida, siendo que él nunca ha sido empresario ni tampoco heredó grandes capitales. Por ejemplo, yo no podría cubrir mis gastos actuales con el salario que gana el alcalde y eso que no tengo hijos.
A Turbay le encanta compararse con Dau. Supongo que con eso quiere establecer que es superior. Si uno hace un parangón entre ambos las diferencias son abismales: uno es austero y demasiado cauteloso, mientras que el otro es derrochador y malandrín; con el inconveniente que ese derroche no lo hace con su dinero, sino con el de los cartageneros. Sabroso tomar decisiones con la plata de otro. Y es ahí donde precisamente radica el problema de continuar con el legado de Turbay.
Y si me ponen a escoger entre un austero cauteloso y un derrochador malandrín, siempre voy a escoger al primero. A uno puede moldeársele para que mejore, al otro…jamás. De hecho, nunca podría tener como amigo o siquiera trabajar con alguien como Dumek Turbay.
Así que el alcalde Turbay que se deje de sus falsas dicotomías, que él siempre ha sido un pésimo gobernante, que se ha rodeado de un equipo de comunicación para que ensalce su gestión, sino que lo digan los Carmeros, San Juaneros y San Jacinteros.
El próximo alcalde(sa) debe ser una persona con sentido social a la que le duela la ciudad, que sea preparada, pragmática, conocedora y, sobre todo, proba. Que no nos vengan con el cuento de que, a pesar de que han estado en cargos públicos toda su vida y que no pueden explicar el origen de su dinero, quieran hacer una maestría o pedirles a sus amigos que los nombren gerentes de un equipo de fútbol, mientras esperan a que los cartageneros elijan a alguien de sus toldas que le caliente el puesto en el Palacio de la Aduana para regresar en el año 2032.



