La denuncia de un bombero de línea y dirigente sindical sacude a la administración de Dumek Turbay: una estación a dos cuadras del incendio de La Providencia, una respuesta que, según su testimonio, tardó 40 minutos, máquinas que habrían llegado sin agua y equipos especializados presuntamente fuera de servicio. Cartagena no necesita discursos para apagar las críticas: necesita bomberos con capacidad real para apagar incendios.
Lo ocurrido en el barrio La Providencia de Cartagena de Indias no puede terminar archivado como otro incendio controlado, cuatro establecimientos comerciales destruidos y una fotografía de funcionarios frente a las máquinas de emergencia. Sería demasiado cómodo para una ciudad que necesita respuestas, no explicaciones acomodadas. Porque cuando el fuego consume el patrimonio de comerciantes y amenaza con extenderse a viviendas, lo que está en juego no es la imagen de una administración: es la seguridad de miles de cartageneros.
Y ahora la controversia tiene un ingrediente que la hace todavía más delicada: las denuncias no vienen de un adversario político, de un ciudadano inconforme ni de un comerciante indignado. Vienen desde las entrañas del propio Cuerpo de Bomberos de Cartagena.
Ismael Caraballo, bombero de línea y dirigente sindical, decidió poner sobre la mesa lo que, según su testimonio, ocurre detrás de las declaraciones oficiales y de los partes de tranquilidad que se entregan después de cada emergencia. Sus señalamientos son de una gravedad que no admite evasivas: una estación ubicada aproximadamente a dos cuadras del lugar de la conflagración habría tardado cerca de 40 minutos en responder; las máquinas habrían llegado sin agua y, además, existirían vehículos y equipos especializados que no estarían disponibles para atender emergencias.
¡Cuarenta minutos! Si se confirma ese tiempo de respuesta, Cartagena tendría que preguntarse cómo es posible que una estación tan cercana no haya podido atender oportunamente una emergencia que terminó destruyendo cuatro establecimientos comerciales. En un incendio, cada minuto cuenta. El fuego no espera comunicados, no entiende de explicaciones administrativas y mucho menos concede tiempo para resolver problemas logísticos.
¿Dónde estaba la capacidad de respuesta? ¿Por qué las máquinas habrían llegado sin agua? ¿Qué pasó con los recursos disponibles en la estación? Son preguntas elementales que merecen respuestas documentadas, no descalificaciones ni señalamientos contra quienes se atreven a denunciar.
Pero hay algo todavía más preocupante. Caraballo también cuestionó el estado del parque automotor y mencionó una máquina escalera cuyo costo, según afirmó, habría sido de un millón de dólares y que presuntamente permanece fuera de servicio sin haber cumplido la función para la cual fue adquirida.
Si semejante denuncia tiene sustento, estamos ante un asunto que exige una explicación inmediata. Una máquina especializada no puede convertirse en un costoso elemento de exhibición ni un vehículo de emergencia puede terminar reducido a chatarra mientras los bomberos enfrentan incendios con recursos insuficientes. Cada equipo adquirido con dinero público debe cumplir una función, estar disponible y responder a las necesidades para las cuales fue comprado.
Y aquí aparece una pregunta que debería incomodar al Palacio de la Aduana: ¿de qué sirve hablar de modernización, inversión y fortalecimiento institucional si los propios integrantes del organismo denuncian que no cuentan con las condiciones operativas necesarias para cumplir su misión?
El alcalde Dumek Turbay y el director de Bomberos, Johnny Pérez Sallas, tienen la obligación de responder. No porque un dirigente sindical tenga siempre la razón, sino porque las denuncias son concretas, provienen de un trabajador que conoce la operación desde adentro y están relacionadas con un incendio que dejó millonarias pérdidas.
Tampoco es aceptable reducir esta discusión a una confrontación política. La seguridad de Cartagena no puede convertirse en un pulso entre quienes gobiernan y quienes cuestionan. Un bombero que denuncia presuntas deficiencias en su institución no está necesariamente atacando a una administración: está poniendo sobre la mesa asuntos que deben investigarse y corregirse si se comprueban.
Hay otro aspecto que no puede quedar en segundo plano: la vida de los propios bomberos. Son hombres y mujeres que ingresan a edificaciones en llamas, enfrentan temperaturas extremas, estructuras inestables y riesgos permanentes. Enviar personal a combatir incendios sin equipos adecuados, sin vehículos confiables o sin garantías operativas sería una irresponsabilidad de dimensiones mayúsculas, si se confirman las condiciones denunciadas.
Caraballo anunció que hará públicos videos sobre el estado de las máquinas y los equipos. La ciudadanía tiene derecho a conocer ese material y la administración tiene el deber de responder punto por punto. Que se revisen los registros de despacho, los tiempos de salida y llegada, los reportes de abastecimiento de agua, las hojas de mantenimiento, los contratos de adquisición y la disponibilidad de los vehículos especializados.
No se trata de crucificar a nadie antes de una investigación. Se trata de impedir que las preguntas incómodas terminen sepultadas bajo el humo de los discursos oficiales.
Cartagena no puede acostumbrarse a que cada incendio de grandes proporciones termine convertido en una operación de emergencia improvisada, con máquinas buscando agua, refuerzos llegando desde otros municipios y comerciantes contemplando cómo desaparece el esfuerzo de toda una vida.
La ciudad necesita saber si su Cuerpo de Bomberos tiene suficientes máquinas, si funcionan, si dispone de agua, si cuenta con equipos de protección adecuados y si sus estaciones están realmente preparadas para responder a las emergencias que pueden presentarse en cualquier barrio.
El incendio de La Providencia dejó cuatro establecimientos comerciales consumidos por las llamas. Pero la denuncia de Ismael Caraballo deja otra preocupación encendida: ¿está Cartagena preparada para enfrentar un incendio de grandes proporciones o está dependiendo de la suerte, de la solidaridad de otros municipios y del sacrificio de sus bomberos?
Señor alcalde, señor director de Bomberos: la respuesta no puede ser otro discurso de tranquilidad. La ciudad necesita una revisión independiente, explicaciones públicas y correctivos verificables. Si las denuncias son falsas, que se demuestre con documentos. Si son ciertas, que se establezcan responsabilidades y se corrijan las deficiencias.
- También puede leer: Cartagena necesita respuestas antes del próximo incendio, no explicaciones después de otra emergencia
Algo debe quedar absolutamente claro: los incendios no se apagan con ruedas de prensa, las máquinas no funcionan con discursos y las vidas no se protegen con propaganda.
Cartagena no necesita bomberos para las fotografías. Necesita bomberos con agua, máquinas operativas, equipos adecuados y capacidad de respuesta. La próxima emergencia no puede encontrar a la ciudad haciendo las mismas preguntas.



