En la famosa película protagonizada por Schwarzenegger, las máquinas intentan apoderarse de la humanidad, someter al ser humano y utilizarlo para su beneficio impersonal. El protagonista es un androide que ha sido programado y diseñado para ayudar al hombre y salvarlo de las garras de la inteligencia artificial y las máquinas malvadas que alguna vez fueron dominadas por el hombre.
La realidad contemporánea es más parecida a la “Matrix” en la cual las máquinas son tan sofisticadas que necesitan al hombre solo para alimentarse. En esencia estas dos versiones de la realidad futura no son distintas ni distantes: ambas transmiten cierta preocupación sobre el poder que podrían obtener las máquinas y la tecnología avanzada sobre la humanidad y su desarrollo.
En la Matrix, todos vivimos atrapados en un sueño perpetuo de placer y conexión viviendo la ilusión de que ejercemos el libre albedrío a través de una gran sucesión de pequeñas decisiones que constituyen nuestra realidad y definen nuestro destino. ¿Qué tan conscientes somos de nuestros procesos de toma de decisión y sus posibles consecuencias?, ¿utilizamos la tecnología y los datos eficientemente para tomar decisiones o, por el contrario, toman los datos y las tecnologías decisiones por nosotros?
En los últimos 50 años la tecnología se ha desarrollado a nivel exponencial. Los teléfonos son el ejemplo común: los smartphones están en todos los hogares y en casi todos los bolsillos de la población, están dotados de múltiples sensores y aplicaciones que ofrecen trazabilidad casi perfecta sobre nuestras actividades, preferencias, ubicación, deseos, aspiraciones y miedos.
Estos dispositivos ya no solo sirven para comunicar. Cada una de sus múltiples funcionalidades obedece a un propósito principal: almacenar información sobre sus usuarios. ¿Para qué quieren las empresas tecnológicas tanta información sobre nosotros? Es posible que la información sobre los usuarios de las plataformas gratuitas no sea sino uno de los commodities que se negocian en este mercado. Cada vez que nos ofrecen un producto o servicio gratuito deberíamos plantear la posibilidad de que en realidad seamos nosotros el producto. En este contexto, nuestros propios datos, pero principalmente nuestra atención y tiempo.
Los avances en el almacenamiento y procesamiento de la información junto a la analítica de datos han contribuido al concepto del Big Data. Estos grandes volúmenes de datos permiten la creación de modelos conductuales sobre poblaciones específicas.
Este ejercicio psicográfico es producto de la aplicación de tecnologías propias de la Inteligencia Artificial. El propósito de estos modelos es el de conocer cuáles son las variables que más influencia tienen en un comportamiento específico y crear predicciones sobre la conducta de los consumidores.
Los algoritmos de Machine Learning se encuentran en casi cualquier plataforma desarrollada y están presentes en todas las redes sociales, redes diseñadas para fomentar comportamientos y crear estímulos que inconscientemente influyan en la toma de decisiones de sus usuarios. Esta dinámica se refuerza con la frecuencia de uso hasta un punto extremo en el que los individuos inconscientes y sin pensamiento crítico, no son tomadores de decisiones, sino que simplemente obedecen a lo que dicte el algoritmo de inteligencia artificial, sin pensar mucho ni cuestionar contenidos.
Hay quienes reactivamente responden a los estímulos pulverizados por las maquinas, estímulos e ideas que al parecer son cuidadosamente diseñadas y personalizadas para socavar la mente y el libre albedrío del más débil. ¿Nos salvará Terminator de la Matrix? Probablemente sea responsabilidad de cada uno de nosotros desarrollar la inteligencia social y utilizar la tecnología, en lugar de ser manipulados por esta.
Perfil del columnista: Andrés Eduardo García Arredondo. Mejor Saber Pro a nivel país en Administración y afines (2016). Profesional en Administración y Negocios Internacionales. Magister en Administración. Magister en Ingeniería Financiera.





