El 2 de febrero de 1971 se firmó en Ramsar, Irán, el Convenio sobre los Humedales que, a diciembre de 2020, cuenta con un total de 170 países miembros y 2.413 sitios designados en todo el planeta, que suman una superficie total de 254.534.395 hectáreas, un área mayor que Argelia, el décimo país más grande del mundo.
Estos países se comprometen, entre otras acciones, a realizar un uso racional de todos sus humedales; a designar sitios para incluirlos en la Lista Ramsar de «Humedales de Importancia Internacional», y conservarlos; y a cooperar en materia de humedales transfronterizos y otros intereses comunes.
Estos ecosistemas híbridos, que pueden ser de agua dulce o salada, albergan o son sitio de reproducción del 40 % de los animales y plantas del mundo, favorecen la regulación del ciclo del agua y reducen el impacto de sequías, inundaciones, mareas de tempestad, maremotos y huracanes.
Además, suministran agua dulce y cerca del 20 % de la alimentación del mundo; brindan insumos como madera, aceite vegetal, plantas medicinales, materia prima para elaborar tejidos y forraje para los animales; y proporcionan sustento a más de 660 millones de personas mediante la acuicultura y la pesca.
Pese a ello, los estamos acabando. Se calcula que en los últimos 35 años han desaparecido más del 50 % de los humedales del planeta debido a factores como contaminación, polución, desviación de ríos, desarrollos urbanos e infraestructura, sobreexplotación de acuíferos, especies invasoras y, por supuesto, cambio climático.
Colombia cuenta, actualmente, con 9 sitios Ramsar cuya extensión total suma 760.340 hectáreas. Hoy, 2 de febrero, que celebramos el Día Mundial de los Humedales, tenemos una nueva oportunidad para asumir nuestra responsabilidad y trabajar unidos, gobierno y ciudadanía, para cuidar y preservar estos importantes ecosistemas.
En ese sentido, uno de los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 es la ejecución de intervenciones integrales en áreas ambientales estratégicas «con especial atención en humedales designados [dentro de la lista Ramsar]» para los cuales se desarrollarán mecanismos para garantizar «la efectiva implementación de los planes de manejo ambiental, en los que se involucren los actores requeridos para garantizar su uso sostenible».
Además, en alineación con los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), el PND 2018-2021 plantea como meta «Asegurar la conservación, el restablecimiento y el uso sostenible de los ecosistemas terrestres y los ecosistemas interiores de agua dulce y sus servicios, en particular los bosques, los humedales, las montañas y las zonas áridas, en consonancia con las obligaciones contraídas en virtud de acuerdos internacionales» con un total de 1.402.900 hectáreas bajo sistemas sostenibles de conservación proyectadas a 2022.
Nosotros, como ciudadanos, debemos hacer nuestra parte: denunciemos las irregularidades y daños a los cuales puedan ser sometidos estos ecosistemas, respetemos sus distintas especies vegetales y animales, evitemos la caza y la pesca, no arrojemos basura o desechos tóxicos y ejerzamos control social.
Recordemos que debido a la reclusión a la que nos obligó la pandemia, dejamos respirar a la naturaleza y ella nos mostró que puede curarse si dejamos de herirla; aprendamos de ello. Si comprendemos que toda acción para respetar, cuidar y proteger la naturaleza es positiva y nos será retribuida por ella misma, por fin daremos el primer paso hacia la preservación de nuestra especie.




