«La vida de los otros» (das Leben der Anderen) es una película alemana del 2006 que vale la pena ver. Transcurre en el lado oriental de Berlín durante los últimos años de existencia de la República Democrática Alemana (RDA).
El Ministerio para la Seguridad del Estado (das Ministerium für Staatssicherheit), más conocido por su abreviatura Stasi, era el órgano de inteligencia de la RDA desde 1950. La Stasi supervisaba la actividad política de los ciudadanos de la RDA para detectar y reprimir comportamientos subversivos o contrarrevolucionarios. Era una herramienta de imposición política.
La Stasi fue disuelta el 15 de enero de 1990, tras la caída del Muro de Berlín. Ese día la sede central de la Stasi en Berlín oriental fue tomada por ciudadanos para evitar la destrucción de sus archivos. En 1995 el gobierno alemán contrató la reconstrucción de sus documentos, más de 33 millones de páginas. Es decir que se conoce bastante bien cómo operaba esta organización.
Cumpliendo la orden de publicar los archivos secretos y la información clasificada (la memoria histórica), impuesta por el gobierno de la Alemania reunificada en 1992, se pusieron a disposición del público los archivos de La Stasi, incluyendo fichas con datos personales. Como consecuencia hay una muy buena documentación de sus actividades.
La Stasi es un buen ejemplo de lo que producen los regímenes totalitaristas: Atrocidades como espionaje a civiles, asesinatos, secuestros, desapariciones, chantajes, coerciones, fraude electoral y muchos otros crímenes y abusos flagrantes de los derechos humanos. Sin embargo hasta de las peores cosas se puede aprender algo.
Una de las estrategias de La Stasi era contar con un sistema de vigilancia ciudadano, una red de informadores civiles (Inoffizielle Mitarbeiter IMs). En el momento de la desaparición de la RDA en 1989 se estima que La Stasi tenía 180.000 informadores, el doble que sus empleados contratados.
Los archivos de las actividades de vigilancia están disponibles para todos aquellos ciudadanos que fueron investigados, revelando muchas veces que amigos, colegas, conyugues y otros familiares estaban espiándoles e informando regularmente sobre ellos.
Por supuesto ni La Stasi ni su sistema de vigilancia ciudadano existen más. Sin embargo he observado que entre los alemanes existe una muy buena disposición para vigilar y poner al tanto a las autoridades. Y que las autoridades mantienen un completo record de los comportamientos públicos de los ciudadanos. Y yo creo, me parece, es mi opinión personal, que se trata de un legado de ese macabro sistema de La Stasi.
Sobra decir que con las garantías sociales y democráticas con las que se vive acá, actualmente eso no representa ningún riesgo ni para la vida ni para los derechos humanos, por el contrario, me parece interesante como un mecanismo de participación de los ciudadanos y de control social.
Me explico, no obstante acá nadie opina ni se mete en sus gustos, preferencias, intereses o convicciones de ningún tipo, no se hacen los de la vista gorda ante cualquier cosa que pueda representar un riesgo para la seguridad de su comunidad. Por ejemplo, un nuevo vecino o un nuevo huésped temporal o permanente, o un nuevo trabajador en el edificio o en el vecindario, dará lugar sin demoras a que sus vecinos informen a la policía. Y si en los registros policiales no existe información al respecto (el empadronamiento y el registro laboral son obligatorios), usted recibirá una visita policial en cuestión de horas.
En mi opinión eso se ha convertido, en este contexto de garantías sociales y respeto por la vida, en un factor protector. Probablemente ayuda mucho para que acá sean tan difícil la inmigración y el trabajo ilegal. Pero también juega un papel importante para otras problemáticas como la violencia intrafamiliar y el maltrato infantil, y para la solución rápida de situaciones de cualquier tipo que pueden potencialmente convertirse en lamentables.



