Es posible que hablar o leer sobre educación para vivir desde el bienestar y la felicidad sea algo que pueda salirse del contexto común, porque consideramos que educar esta vinculado al conocimiento de conceptos o la adquisición de ciertas habilidades en áreas de formación especificas como en el caso de las profesiones e inclusive desde la escuela donde nos formamos es muy poco o casi nulo el espacio que le dedican a enseñar sobre meditación, autoconocimiento, autoaceptación, compasión, gratitud, gestión emocional, inteligencia emocional, entre otros muchos temas necesarios para el bienestar y la felicidad como seres humanos.
Es claro para la gran mayoría, que las habilidades y las actitudes son la base para consolidar una personalidad fuerte, flexible, que responda a los desafíos del mundo actual, compuesta con una alta capacidad de resiliencia, así como de adaptación a los cambios, resolver conflictos, entre otros.
El aprendizaje es un proceso de adecuación al medio, a un entorno que cada vez es más competitivo y en el que una correcta educación de las emociones es esencial, educar para el bienestar y la felicidad es fundamental.
La felicidad forma parte de la denominada educación emocional, más allá de ser un sentimiento, un concepto abstracto y posiblemente difícil de definir… es un parámetro de nuestra salud emocional, del correcto equilibrio entre las emociones positivas y negativas, entre aquellos aspectos de nuestra vida que podemos controlar directamente y aquellos que no. Y de como gestionamos en nuestro mundo interno estas emociones de una manesa satisfactoria y que nos conecte con el bienestar emocional.
Según el Hermano David Steindl-Rast, monje y erudito interreligioso, la única cosa que todos los seres humanos tenemos en común es que cada uno de nosotros quiere ser feliz. Y la felicidad, sugiere, nace de la gratitud. Ser agradecido, valorar aquello que podemos aportar a los demás y que los demás nos pueden aportar a nosotros, nos debería proporcionar la gratitud necesaria para sentirnos felices.
El interés por la pedagogía para la felicidad actualmente, no es solo de padres y educadores, sino incluso de los directivos empresariales que valoran la importancia de la felicidad de los empleados en su rendimiento profesional. Por tanto, estamos ante un interés global y un momento social desafiante, con esta experiencia de la pandemia que nos debería hacer ver que es esencial educar para el equilibrio de las emociones, como aspecto imprescindible en el día a día de niños y de adultos.
Diversos han sido los teóricos preocupados por estudiar el concepto de felicidad. El doctor Israel Tal ben-Shahar, profesor de la Universidad de Harvard, habla de la “Ciencia de la felicidad”, como una disciplina que debe guiar la labor educativa.
Preguntémonos, ¿por qué el bienestar es importante en la educación? Es importante por varias razones: porque el estrés y la depresión serán las principales enfermedades en el 2030 para la raza humana, según la Organización Mundial de la Salud; porque al experimentar bienestar, somos más creativos (Scott Barry Kaufman) y favorecemos el aprendizaje y los resultados académicos (Alejandro Adler); porque la felicidad es el propósito de la vida (Aristóteles); porque nueve de cada diez padres quieren que sus hijos sean felices en el colegio; y porque cuando experimentamos bienestar, nos desarrollamos mejor y florecemos (Seligman, 2011).
Son muchas las razones por las que educarnos para el bienestar y la felicidad son indispensables para la vida y poder vivir con plenitud, pero no podemos responsabilizar a otros de no educarnos emocionalmente para vivir desde el bienestar y la felicidad, cuando hoy tienes la posibilidad de hacerlo diferente.
Hay varios modelos para la educación positiva, el modelo PERMA de Martin Seligman es de los más conocido; sin embargo, el modelo EDEPI de José Antonio Ortega Carrillo de la universidad de Granada en España, quien desde la Red iberoamericana de educación positiva inclusiva con miembros de 35 países, de la cual hago parte, ha sido una plataforma para construir escenarios que aporten desde la ciencia y las diferentes disciplinas que convergemos allí, para seguir haciendo posible educar desde el bienestar y la felicidad.
Hagamos de la educación emocional positiva, que nos conecta con el bienestar y la felicidad una realidad, en cada familia, en cada escuela, en cada empresa, emprendimiento, comunidad, país…hagámosla viral como una nueva pandemia que nos transporte y nos permitan construir una vida feliz y llena de bienestar emocional.



