Mientras, Estados Unidos, la gran potencia del mundo, se derrumba por los conflictos internos que ha generado la cultura sodomita y las ideas marxistas que se empezaron a gestar en algunas universidades americanas en los años 70, países como Hungría y Polonia han resurgido basados en su sufrimiento, en sus costumbres, en sus valores, en su disciplina de trabajo y en la unidad familiar, luego de luchar durante años por librarse del yugo socialista impuesto por los soviéticos. Por su historia, estos países tienen un discernimiento agudo para identificar ideologías totalitarias y, por eso, muestran una independencia única en occidente, que los poderes globalistas rechazan y quieren atacar.
Concretamente, en Hungría, en el año 2013, se realizó una reestructuración fiscal que ha llevado a la economía de ese país hacia un crecimiento financiero sostenible a largo plazo. Desde ese entonces, la economía húngara se ha expandido en un 30% y, hasta antes de la pandemia, tenía el ritmo de crecimiento más alto de la Unión Europea. En síntesis, algunos de los factores que han ayudado a este fenómeno han sido los siguientes: (i) inversiones gubernamentales, subsidios de vivienda y acuerdos fiscales y salariales; (ii) aumento del consumo de los hogares, promovido por la evolución del trabajo y los empleos; (iii) expansión de la exportación; y, (iv) correcta inversión de fondos europeos.
Adicionalmente, uno de los factores que ha permitido el progreso de Hungría fue expulsar la influencia propagandística y los capitales de George Soros, uno de los magnates comprometidos en la promoción del libertinaje moral y el desorden social, quien, además, también es húngaro. Para esto, en el año 2017, el Parlamento de ese país aprobó la ley Stop Soros, mediante la cual, se contemplan una serie de medidas, para evitar que la red de ONG´s financiadas por Soros instrumentalice a los migrantes y los utilice masivamente para invadir ese país con el propósito de crear desestabilización social, política, económica y sanitaria, y de esa forma procurar un escenario que le permita poner un gobierno manipulable por los globalistas.
A raíz de lo anterior, en el año 2018, así como hicieron con el comunismo en los años 90´s, los húngaros pudieron librarse de Open Society Foundations, la ONG madre que Soros utiliza para promover, entre otras ideas marxistas, la cultura sodomita, la desestabilización política, la explotación migratoria y el aborto.
De igual forma, la ley Stop Soros busca reducir a su mínima expresión las inversiones que el magnate realiza para manipular la educación en Hungría. La norma establece que serán removidas las licencias de los centros educativos extranjeros que carezcan de campus en sus países de origen. Con esto, se apuntó directamente a la Universidad de Europa Central, creada y financiada por Soros, con el propósito de promover “la buena gobernanza, el desarrollo sostenible y la transformación social”. Notoriamente, los húngaros supieron discernir que eso de “buena gobernanza” y “transformación social” no era más que un caballo de troya.
Hace unos días, el gobierno húngaro volvió a asestar otro logro ejemplar en la protección de sus ciudadanos, con la aprobación de la ley que prohíbe la difusión y enseñanza educativa de contenido LGTBQ+ a menores de edad. No se trata de una lucha contra los homosexuales, sino de una oposición concreta contra la ideología totalitaria de un colectivo marxista, que tiene propósitos de expansionismo político, económico y cultural, el cual, ha visto en las mentes ingenuas de niños, niñas y adolescentes un terreno fértil para sembrar sus ideas. Es otro caballo de troya que los húngaros lograron discernir y que no pretenden aceptar, así se encuentre coloreado con apariencia de derechos humanos.
Anteriormente, el Parlamento húngaro había aprobado una reforma constitucional, en la cual, blindó a la familia contra la influencia sodomita. Según esta reforma, “la familia se basa en el matrimonio y relación entre padres e hijos. La madre es una mujer y el padre es un hombre”. Así, se buscó cerrar la puerta para evitar la entrada de interpretaciones forzadas que desfiguran la idea de matrimonio y familia.
A pesar de todo lo anterior, el poder globalista está usando a la Unión Europea para presionar y boicotear, a través de sanciones, el renacimiento húngaro. Estos métodos opresivos han llevado a que Hungría deba buscar otras alternativas de asociación política y económica, con Estados poderosos que sean más coherentes con sus proyecciones de vida social.




