Hoy día, la excelencia y la autoexigencia están muy conectados con el ser y el hacer de las personas que desean marcar la diferencia y vivir una vida de éxito, es muy frecuente encontrar sobretodo en la lectura de autoayuda mucho contenido que habla de hábitos de gente de éxito, como piensa la gente exitosa, como se relaciona la gente de éxito, haciendo la lista enorme e interminable.
Desde mi perspectiva, la realidad es que podemos comprometernos a diario con dar lo mejor de nosotros mismos, pero aun así es importante reconocer nuestra humanidad.
El reconocernos como seres mortales que de manera consciente busca mejorar la versión de si mismos; pero que aceptan que el autocuidado y el amor propio son una fuente importante del equilibrio en una persona exitosa.
A veces se nos puede olvidar aceptar que necesitamos ayuda, desconociendo la fortaleza que requiere este ejercicio. Por ejemplo, hay hombres y mujeres que de manera incansable están atentos a todas las necesidades de sus hijos, sus padres, sus hogares, sus amigos, sus compañeros… si, es bueno ser bueno con otros y cuidar a los que amamos. Sin embargo, lo que deseo anotar de esto es, ¿En la lista de responsabilidades tus necesidades aparecen? ¿En la lista del mercado hay un auto regalo, que te aporte felicidad? ¿Te tomas un tiempo especial para recargar energía en la semana? ¿Cuándo ya no puedes más Pides ayuda?… de las cosas más importantes es tener esto presente.
Para cuidar bien de otros, nos cuidamos bien nosotros, incluso desde la visión espiritual, la biblia nos mencionan el mandamiento de “amaras a tu prójimo como a ti mismo”; y en muchas ocasiones lo que he observado es que se ama más al prójimo que a nosotros mismos, entrando en la construcción de vínculos afectivos en desequilibrio. Esta es la apertura a vivir en desbalance permanente.
Se que desde lo sociocultural la vulnerabilidad se asocia con debilidad, pero este tipo de percepción nos entrampa en la caótica prisión de poder con todo, y hacerlos todo solos, como si el ser vulnerables fuese un fracaso.
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Es en los momentos de crisis en donde estos guerreros y guerreras de la vida están allí, estoicos e indestructibles, créeme yo también he estado allí. Y de los actos de valor más gratificantes y transformadores que he tenido es precisamente pedir ayuda, a mi familia, amigos, personas e incluso apoyo terapéutico cuando lo he requerido, que es casi siempre por dedicarme a la clínica y recibir ayuda me ha permitido comprender que para conectarme, mantener mi bienestar emocional y mi felicidad, necesito de otros que sean mis espejos para incorporar nuevas formas de ver la vida.
Así que buscar ayuda indica que quieres vivir tu vida plenamente y caminar de la mano de otra persona para conseguir alcanzar tu bienestar, tu equilibrio, tu felicidad, es recuperar tu humanidad, no necesitas ser superman, ni la mujer maravilla. Además, es una mentira pensar que nadie mejor que nosotros mismos nos puede ayudar. De hecho, ¿Has pedido a alguien que te dé un masaje en la espalda? ¿Crees que tú lo hubieras hecho igual o mejor? Seguro que no, porque hay cosas en las que siempre vamos a requerir que ese otro nos regale su amor, su tiempo, su atención, su apoyo y sabes algo…recibirlo no te hace vulnerable, solo te hace humano.
Por experiencia se que cuando estamos muy involucrados emocionalmente en una situación nos cuesta valorar el panorama con objetividad, es decir, cuando debes solucionar un problema y este es muy importante para ti, normalmente las emociones te juegan una mala pasada porque nublan tu capacidad para analizar las cosas de manera lógica e imparcial, por eso es muy frecuente el auto sabotaje.
En esos casos, la recomendación es pedir ayuda a una persona que cumpla la función de observador externo, y que preferiblemente no tenga un vínculo emocional tan intenso con la situación y que nos pueda brindar ideas, soluciones o perspectivas que ni siquiera habíamos tomado en consideración.
Entonces pedir ayuda no solo es necesario, sino que se convierte en una muestra de inteligencia, así como nuestra capacidad para vivir una vida en equilibrio con nuestra humanidad, cultivando una relación saludable de amor propio y bienestar emocional que trasciende a todos los escenarios de nuestra vida.



