La baja calidad de la moralidad nietzscheana ha venido tomándose el humanismo y ha estado creando una sociedad distópica, donde el rechazo por la naturalidad, el orden y la normalidad, así como por la disciplina espiritual, se han vuelto ideas glorificadas. El cristianismo, del cual se formó el concepto de dignidad en el sistema universal de derechos humanos, y que tantos aportes humanitarios ha dado a la creación de los sistemas de salud, hospitalarios y educativos, ahora es un enemigo que se debe combatir, para dar paso a un libertinaje peligroso.
El pasado 21 de septiembre de 2021, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa de la Unión Europea emitió la primera versión del documento: combating rising hate against LGTBI people in Europe, en el cual afirma que los cristianos son los culpables de promover la “desigualdad” en ese continente, y los equipara a peligrosos violadores de derechos humanos. Asimismo, el documento sostiene que los líderes religiosos son grandes impulsadores del “discurso de odio” y por esta razón se les debe ir cerrando la participación en el espacio público.
Con lo anterior, el Consejo de Europa está solicitando a los Estados miembros coartar cada vez más el derecho fundamental a la libertad de cultos y dar mayor espacio a las ideas inmersas en la ideología de género. De igual forma, pide a los gobiernos despojar de toda financiación a las organizaciones, gobiernos regionales e instituciones que se opongan a promover esta ideología, bajo la excusa de ser “discurso de odio”, pero, al mismo tiempo, exige financiar a quienes sí lo hagan. Algo similar encuentro con la historia de Herodes, quien, por no soportar las exhortaciones que Juan el Bautista le hacía por sus actos corruptos y pecaminosos, lo mandó a decapitar.
Lo descrito me hace recordar una experiencia que tuve en el Ministerio de Justicia y del Derecho, en la que fue contratado un grupo de género de la Universidad Nacional, para realizar la actualización de unas cartillas sobre el delito de trata de personas. Siempre estuve en desacuerdo con traer a personas provenientes de una escuela de pensamiento que tiene un marcado radicalismo ideológico. Sin embargo, a pesar de haberme opuesto a ello, el Ministerio decidió optar por el camino simplista y andar por la vía del menor esfuerzo. El tiempo me dio la razón, porque el trabajo contratado y entregado, nunca cumplió las expectativas.
De esa experiencia, quiero enfocarme en un asunto concreto, que es el siguiente: cuando me pidieron revisar el trabajo entregado por el grupo contratado, observé algunas afirmaciones preocupantes, entre las cuales, encontré un capítulo, donde ellos culpaban expresamente a la comunidad cristiana de ser una de las mayores promotoras del delito de trata de personas en Colombia y en el mundo. Ante este hecho, y la carencia de pruebas al respecto, solicité quitar esas aseveraciones, puesto que, al ser un documento público y oficial, el Estado se encontraba calificando a las iglesias de Cristo como grupos criminales.
Parece que de manera progresiva nos acercamos a los tiempos de Jezabel, en los cuales, la reina promovía el culto y la glorificación al libertinaje, dentro de una sociedad que había olvidado sus raíces y había adoptado costumbres alejadas de las enseñanzas de sus padres, que les permitían hundirse en sus pasiones desordenadas. No obstante, para un gobierno así, el Creador tendrá un Elías que les derrotará y conservará a 7.000 más que nunca doblarán sus rodillas ante el mal.




