En un momento clave para el futuro político del país, reconocidos académicos y expertos en derecho y ciencias sociales encendieron las alarmas sobre el colapso progresivo de la democracia colombiana. Durante el conversatorio Estado actual de la democracia, realizado en la Universidad del Rosario, se expusieron los síntomas de una crisis profunda que, según los panelistas, amenaza con paralizar el sistema institucional y abrir la puerta a salidas autoritarias.
La jornada académica sirvió de marco para la presentación del libro Democracia bloqueada del exfiscal y exprocurador Alfonso Gómez Méndez, quien expresó su preocupación por la falta de diálogo entre las ramas del poder público y la creciente desconexión entre el Estado y la ciudadanía.
“La democracia no se bloquea por falta de elecciones, sino por la incapacidad de gobernar. Cuando Ejecutivo y Legislativo no pueden dialogar, y no existen mecanismos institucionales para resolver ese choque, la democracia pierde legitimidad”, advirtió Gómez Méndez.

Los expertos coincidieron en que la polarización política, el debilitamiento de los partidos, la instrumentalización de la participación ciudadana y la toxicidad en redes sociales son señales inequívocas de una democracia en deterioro.
Manuel Restrepo, director de la Escuela Doctoral de Jurisprudencia, cuestionó el uso irresponsable de mecanismos como los plebiscitos y consultas populares, señalando que no deben usarse como “herramientas coyunturales de presión política”, sino como verdaderos espacios de deliberación.
Por su parte, la docente Carolina Galindo insistió en pensar la democracia desde una perspectiva territorial. “No se puede hablar de democracia como si fuera igual en todo el país. Lo que ocurre en Bogotá no refleja lo que se vive en el Pacífico o en la Amazonía. Es hora de escuchar a las regiones”.
En una crítica directa a la actual forma de participación política, Juan Carlos Ruíz lamentó la pérdida de identidad y representatividad de los partidos, mientras que la docente Beatriz Franco advirtió sobre el efecto corrosivo de las redes sociales en la conversación democrática. “Tenemos más canales para expresarnos, pero menos espacios para deliberar. La ética del lenguaje se ha perdido. Y sin respeto al otro, no hay democracia posible”.
La vicerrectora Rocío Araújo cerró el evento con un mensaje claro: “Este no es un llamado al pesimismo, sino a la acción. La democracia necesita reformas, pero sobre todo voluntad para funcionar. No bastan las leyes: hace falta una ciudadanía crítica, instituciones abiertas al cambio y una cultura del respeto y el diálogo”.
El conversatorio dejó un mensaje urgente: Colombia enfrenta un momento de quiebre político e institucional. Y si no se actúa con responsabilidad y visión de país, lo que hoy es una advertencia puede convertirse en una fractura irreversible.




