Los logros deben saberse «vender». De lo contrario, corren el riesgo de perderse en el olvido, o incluso pueden volverse en contra. Esto ha ocurrido, hasta ahora, con el extraordinario logro de disminuir en un 64% los homicidios en Sincelejo, Sucre, durante el año 2024. Un éxito innegable del alcalde Yahir Acuña, pero que pasó casi desapercibido. Se nota la falta de un equipo sólido. El miedo a lo grande es real.
No me canso de repetir que este es un resultado que salva vidas, como lo hizo Acuña. Sin embargo, el presidente de la República, Gustavo Petro, hizo alarde de la disminución de homicidios del 1.4% a nivel nacional, pero no pronunció ni una palabra de reconocimiento para Sincelejo.
La culpa no es del presidente. La culpa es del equipo del alcalde, e incluso de él, que no encontró la estrategia adecuada para que el presidente Petro se refiriera de manera contundente al tema. Igualmente, la ciudadanía debió enorgullecerse de la hazaña. Este tipo de declaraciones, que muchas veces por envidia e incredulidad no se quieren expresar, deben ser inducidas.
Si se hubiera solicitado al presidente Uribe, tan comprometido con la seguridad, que se refiriera al tema, o a figuras como Francisco Santos, María Fernanda Cabal, Efraín Cepeda, José Lafaurie, Fico Gutiérrez, Luis Almagro, Iván Duque, Salud Hernández, César Gaviria, Miguel Polo Polo, Rigoberta Menchú, Juan Manuel Santos, Humberto de la Calle, Íngrid Betancourt, la curia, el General (r) Rafael Colón, entre otros personajes influyentes, se habría generado la presión necesaria para que el presidente Petro mencionara lo logrado en Sincelejo. Nadie habría mentido, pero esa estrategia no se ocurrió al equipo del alcalde, que se limitó a llevarlo a la W Radio, lo cual no está mal, pero no fue lo único, ni lo más importante.
Para llegar a esos personajes y lograr que se hicieran eco de la apoteósica disminución de los homicidios en Sincelejo, se necesitan puentes, además de ocurrencias. Seguro que parte del equipo del alcalde, con mentalidad de pueblo de cuarta categoría, no tiene ni los puentes ni la creatividad necesaria. Y al final, el alcalde termina padeciendo las consecuencias, perdiendo una oportunidad de oro.
Esto no exime completamente al alcalde, ya que él es quien los nombra y los mantiene. Hay gente, por lo menos en el área de salud, que ni siquiera es capaz de conseguir un tensiómetro y ostenta cargos que ejerce con una ineptitud incomparable. Eso da vergüenza. ¿Qué hace alguien así en ese puesto? Solo estorba al alcalde. Algunos, en lugar de cerebro, tienen gaseoneuronas. Anencefalia adquirida. Además, el alcalde Acuña sigue trabajando con los directivos nombrados por el exalcalde desastroso de Sincelejo, Andrés Gómez. ¡Por Dios! ¿De verdad Acuña cree que estos le son leales?
De personas así proviene la pérdida de logros extraordinarios, como la disminución de homicidios. El alcalde de Sincelejo debería haber presentado este resultado en una ceremonia exclusiva, rodeado de autoridades.
El jolgorio que producen los chismes oberianos debería quedarse en el año pasado. Este año debe ser de grandes éxitos, como la disminución de los homicidios, pero que se sepan y valoren, siendo tan trascendental como el propio logro.



