Arcelio** tiene 58 años, vive en un pequeño caserío en el corazón de la Mojana Sucreña, campesino, padre de 8 hijos; en sus antecedentes médicos no hay ningún reporte de consulta a programas de riesgo cardiovascular o seguimiento de población rural.
Su último recuerdo de consulta fue cuando a su esposa le “picó la preecplampsia” y tuvo que ser llevada con miles de peripecias al Hospital de San Marcos; cuando conversamos sobre política es muy preciso en anotar con detalles la última vez que recibió $ 50.000 por un voto a la Alcaldía, pero también anota que nunca volvió a ver al Alcalde ni siquiera en la época del Covid–19 a repartir un mercado.
Hoy después de trabajar de sol a sol, nuestro amigo inicia con un fuerte dolor de cabeza que le paraliza medio cuerpo y lo deja sin poder hablar, su mujer corre despavorida a pedir ayuda, sus hijos lloran desolados, la vereda entra en una especie de histeria colectiva pues acaban de caer en cuenta que el caserío no tiene centro de salud, no hay transporte y mucho menos un médico cerca o una promotora que por lo menos le tome la presión.
Deciden entonces a hombro y en hamaca salir a la carretera donde por milagro de Dios un camión que transportaba arroz los lleva hasta el hospital de San Marcos – Un segundo nivel de complejidad que lleva en paro aproximadamente 6 meses – Pero por la severidad del cuadro lo atienden en urgencias con las uñas y sin insumos.
Después de 5 horas de ardua lucha Arcelio por fin es visto por un médico quien dice a su familia lo esperado “Tienes una isquemia cerebral y necesitas urgente una Tomografía de Cráneo, acá no hay y tocaría llevarlo a Sincelejo”, surge otro problema y es la falta de ambulancia y médico de remisión. La familia decide llevar a nuestro paciente en un carro particular hasta Sincelejo sin oxígeno, sin soporte de medicamentos.
Al final de esta historia se realiza diagnóstico de Accidente Cerebrovascular Isquémico fuera de ventana terapéutica con un desenlace fatal que cegó la vida de un hombre joven que nunca pensó morir en la entrada del Hospital de Sincelejo. Como estos son muchos los casos que se ven cada día en la Mojana Sucreña donde sus líderes han convertido esta zona de gran abundancia agrícola y ganadera en un fortín de políticos corruptos que se reparten a sus anchas las regalías de la Nación y se olvidan por completo de los derechos básicos a los que tiene un colombiano como son salud y educación.
En una población como la del municipio de Majagual con aproximadamente 35 mil habitantes el índice Médico / Paciente está en niveles incluso inferiores de países como Sudan o Etiopia. Además, las inversiones en infraestructura hospitalaria no ascienden ni al 1% del presupuesto, esto sin contar la calidad de los servicios públicos donde algunas poblaciones aún siguen consumiendo agua del rio aumentando la prevalencia de enfermedades infecciosas como amebiasis o listeriosis.
Es hora de replantear las políticas gubernamentales y empezar por parte de las autoridades nacionales a revisar punto a punto las inversiones en esta zona del departamento de Sucre porque en un momento de crisis como el que vivimos, el índice de mortalidad está en niveles catastróficos por falta de atención, tamizaje e inadecuado seguimiento a los pacientes.
Por esto puedo afirmar como médico que la enfermedad más grave de la que padece la Mojana y Sucre en general no es la Hipertensión o la Diabetes sino una corrupción que está mermando la población aprovechando la vulnerabilidad del sistema de salud.
** Nombre cambiado para proteger identidad del paciente mencionado.




