El pasado 10 de marzo en horas de la tarde el joven patrullero Edwin Caro perdió la vida en un tiroteo en el norte de Bogotá. Tras solicitarle una requisa a dos personas que consideró sospechosas, uno de los interceptados le disparó acabando con su vida. El caso ha cobrado importancia en los medios nacionales por varias razones.
Por una parte, porque la delincuencia común en zonas urbanas no solía cobrar la vida de miembros de la policía de manera tan frecuente, y recientemente ha habido varios casos mediáticos en todo el país. Por otra parte, porque la percepción de inseguridad en Bogotá ha aumentado de manera significativa (21 puntos porcentuales) durante los últimos 5 años, según una encuesta realizada por la Cámara de Comercio de Bogotá. Finalmente, por las polémicas declaraciones de la alcaldesa Claudia López respecto al caso: “con el mayor respeto y con el llamado a que eso no genere ningún acto de xenofobia -la inmensa mayoría de los migrantes son gente humilde huyendo de una dictadura-, pero los hechos son tozudos y demuestran que una minoría de migrantes venezolanos profundamente violentos que matan para robar, que matan por una requisa, como pasó en este caso”. Continúa la alcaldesa: «a los migrantes venezolanos todo se les ofrece y a los colombianos qué se les ofrece, qué garantías tenemos de que no haya una competencia desleal por sus empleos, especialmente para gente humilde, de que no se aprovechen de la generosidad del Gobierno de Colombia para agredir a ciudadanos colombianos”.
Aunque en el pasado algunas declaraciones de Claudia López han sido sacadas de contexto para politizar y polarizar más su discurso, en este caso es imposible negar el carácter discriminatorio de sus palabras. Más allá de las rivalidades y el oportunismo político típico de esta temporada previa a la postulación de candidatos presidenciales, ¿por qué son tan problemáticas de las declaraciones de Claudia López?
En primer lugar porque denunciar un delito resaltando la nacionalidad de la persona que lo cometió es un acto de xenofobia. El término xenofobia proviene del griego xénos (extranjero) y de phóbos (miedo). Hace referencia al miedo a los extranjeros. Al resaltar la nacionalidad del sospecho de haber asesinado a Edwin Caro, Claudia López está creando una conexión entre la identidad nacional de la persona que cometió el crimen y la gravedad del acto criminal. Cuando un mandatario público hace esto, desde su plataforma institucional, está promoviendo imaginarios xenófobos y legitimando la estigmatización de los venezolanos. Matar a un policía no es más o menos terrible dependiendo de la identidad de quien haya cometido el crimen. La xenofobia es una forma de discriminación.
En segundo lugar porque culpar a un tercero o a elementos oportunísticos de un fenómeno social tan complejo como la inseguridad es una salida reduccionista, que minimiza un problema estructural y sistemático que afecta a todos los colombianos (que nos ha afectado durante décadas) y que tiene raíces muy profundas. Los niveles de violencia y criminalidad en Bogotá, si bien han aumentado durante los últimos años, vienen de tiempo atrás. De hecho, Colombia tiene la sexta tasa de homicidios más alta del mundo (para sorpresa de muchos por encima de Venezuela). La inseguridad en Bogotá, sin duda, es uno de los principales desafíos de gobernabilidad que ha tenido que enfrentar Claudia López durante su mandato.
Desde esta perspectiva, podríamos pensar que la alcaldesa se encuentra bajo mucha presión y que sus declaraciones fueron desafortunadas. Sin embargo, ya no se trata de una declaración o dos declaraciones sacadas de contexto. En abril, octubre y noviembre de 2020, Claudia López hizo declaraciones que relacionaban a los venezolanos con los crímenes y la pobreza en Colombia. Primero dijo: “No podemos pagar el arriendo a los colombianos, mucho menos a los venezolanos. ¡Qué pena! Ya pagamos la comida, el nacimiento, el jardín, la escuela. Qué pena que lo único que no podamos pagar sea el arriendo”. Después afirmó: “Yo no quiero estigmatizar, ni más faltaba, a los venezolanos, pero hay unos inmigrantes metidos en la criminalidad que nos están haciendo la vida cuadritos”. Finalmente, remató: “Los migrantes tienen un plus en criminalidad. Así lo captures en flagrancia, no tienes como judicializarlo”. Tantas declaraciones similares convierten su opinión xenófoba en un discurso.
Si bien la inseguridad en Bogotá no es el resultado de la gestión de Claudia López (que por cierto, en mi opinión, no ha sido negativa), culpar a los migrantes es una salida populista que no soluciona ningún problema, ni el de la inseguridad ni el de la baja popularidad de su gobierno. Los migrantes no son responsables de la inseguridad en Bogotá y tampoco de la pobreza endémica que existe en toda Colombia y que se ha agudizado durante la pandemia.
En el 2019, 17,5 millones de colombianos vivían en situación de pobreza y 4,7 millones en situación extrema pobreza. Ambos grupos abarcan más del 40% de la población total del país. Esta cifra, que ya era terrible en sí misma, aumentó significativamente durante la pandemia. Si tenemos en cuenta que el porcentaje de colombianos que viven en situación de pobreza es probablemente mucho más alto (porque las cifras son oficiales y porque los censos no son 100% inclusivos), esta es una emergencia humanitaria que requiere soluciones sistemáticas y de fondo.
No vamos a mejorar la seguridad de los colombianos culpando a los venezolanos de nuestro fracaso como país. Para mejorar la seguridad en Colombia hay que ofrecerle oportunidades a la gente. Una persona desesperada por obtener dinero para acceder a un derecho fundamental (alimentar a sus hijos, pagar el arriendo, comprar una pipeta de gas) optará por ganarse la vida de manera legal siempre que eso sea posible y que de verdad represente una solución a sus problemas de manera digna.

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La pobreza y el desempleo en Colombia no es culpa de los venezolanos. Ha existido siempre. Es sistémica y es el resultado de la desigualdad que trajo el neoliberalismo, que comenzó con Virgilio Barco, explotó con César Gaviria y ha sido reforzado por todos los presidentes que han gobernado Colombia desde entonces.
Claudia López ha contribuido a esa neoliberalización con sus discursos, su oportunismo político durante su campaña, y la polarización y condena de cualquier propuesta con visos socialdemócratas. Colombia no es un país pobre. Colombia es un país desigual. En vez de reducir un problema social tan complejo, Claudia López debería preguntarse qué puede hacer desde su alcaldía para disminuir la brecha entre ricos y pobres, que en Bogotá, como en el resto del país, es infinita.




