Edward Breays, quien utilizó ideas relacionadas con el inconsciente, para aplicarlas al self de la sociedad norteamericana, y a quien, además, se le atribuye ser el inventor de la teoría de la propaganda, en su libro: “Propaganda”, señala que “[l]a manipulación hábil y consciente de las costumbres y opiniones de las masas es un componente de la primera importancia de la sociedad democrática. Quienes manipulan ese mecanismo secreto de la sociedad constituyen un gobierno invisible, verdadero poder dirigente de nuestra sociedad”.
Para la Primera Guerra Mundial, la propaganda no era algo nuevo. Sin embargo, en esta época se transformó su significado y su forma. La historiadora italiana, Laura Fermi, esposa del Nobel de Física, Enrico Fermi, escribió un libro llamado: “Mussolini”, en el que aborda diversos asuntos históricos que se desenvolvieron en la península itálica desde épocas del imperio Romano. En esta obra, ella narra que el famoso poeta y novelista, Gabriele D´Annunzio, se jactaba contando que había volado un avión sobre Viena, desde el cual, esquivando las baterías antiaéreas, lanzaba propaganda para persuadir y atemorizar a los austriacos. Si este ensayista arriesgaba su vida sólo para tirar papeles, era porque conocía muy bien que se trataba de un arma con mucha fuerza.
Luego, para la Segunda Guerra Mundial, el uso de la propaganda continuó evolucionando hacia una forma aún más siniestra. En 1936, durante su intervención en el Congreso de Nuremberg, Adolf Hitler afirmó lo siguiente: “[l]a propaganda nos ha conducido hacia el poder. La propaganda nos ha permitido después conservar el poder. La propaganda nos dará la posibilidad de conquistar el mundo”. Rusia no se quedó atrás, porque el régimen estalinista le otorgó una connotación omnipresente, donde la propaganda estaba metida hasta el último rincón de lo cotidiano y se ejecutaba como mecanismo de lavado de cerebros.
Para 1980, la propaganda seguía siendo una de las principales armas para expandir ideologías. Durante la Guerra Fría, esta arma adquirió especial relevancia, debido al carácter retórico del conflicto. Estados Unidos realizó inversiones significativas para impulsar la televisión, la radio, el periodismo y el cine como canales que servirían para reforzar el aparato bélico publicitario y propagandístico. A su vez, la mayoría de las personas del bloque del Este no creía en la información proveniente de occidente.
Hoy día, con la invasión de Rusia a Ucrania, más que los bloqueos económicos y comerciales, Estados Unidos ha venido atacando a los rusos a través de la propaganda y la falsa publicidad. Diariamente, es posible escuchar noticias de medios americanos que sólo hablan de las deficiencias y pérdidas que han tenido los rusos en su campaña militar, así como de una supuesta obsolescencia e ineficacia de su equipo bélico. Mucho cuidado con esto.
En la actualidad, la propaganda ha seguido evolucionando sin perder el carácter siniestro que empezó a tomar en la Primera Guerra Mundial. Las nuevas tecnologías de la información, en especial, las redes sociales, constituyen un amplificador del aparato bélico publicitario. En estos escenarios existen tres actores: trolls, bots y cuentas falsas, que son técnicas de manipulación de la opinión pública, las cuales, aumentan sustancialmente en épocas de campaña electoral. Estos tres actores virtuales son usuarios creados con el propósito de realizar comentarios negativos, generar temas y tratar de imponerlos en una conversación.
Ahora que en Colombia nos encontramos en épocas electorales es necesario tener cuidado con la información y las opiniones de usuarios en redes sociales. Las técnicas de manipulación mental en escenarios bélicos ahora se encuentran presentes de forma más incisiva en nuestra vida cotidiana. Como nunca, la guerra retórica y la contaminación discursiva trata de afectarnos y de controlar nuestra forma de pensar para canalizarla a la satisfacción de intereses corporativos.




