Colombia es un país que requiere un equilibrio armónico entre un sistema preventivo en salud y un sistema curativo en salud. La experiencia histórica demuestra que la eficacia del sistema médico se encuentra relacionada con la capacidad de prevención y conservación que tenga la población. De lo contrario, los sistemas hospitalarios sufren una sobrecarga que los vuelven financieramente insostenibles, clínicamente incapaces y laboralmente exhaustivos para el recurso humano.
El aumento demográfico, el aumento de la expectativa de vida, el avance de la tecnología y el aumento en los costos de insumos farmacéuticos son algunos factores que vienen representando un reto económico para la cobertura médica de una sociedad. De ahí surge la necesidad de actualizar y fortalecer la estructura de prevención en salud, mediante políticas que permitan generar cultura sanitaria y mejores condiciones de vida.
Adicionalmente, en las últimas décadas, el aumento en los costes de la salud ha sido consecuencia del desarrollo de nuevos métodos de diagnóstico de alta tecnología, entre los cuales, se encuentra la resonancia magnética por imágenes y las nuevas y costosísimas técnicas de trasplante de órganos. Además, en un futuro, el cáncer se combatirá con tratamientos de anticuerpos monoclonales (Dworking: “La justicia y el alto coste de la salud”). Lo que pasa en la actualidad es que existen más alternativas médicas, pero los costos son cada vez más elevados.
Una forma que tiene la población para cubrirse del creciente costo de los servicios médicos se encuentra en la formación de un sistema preventivo en salud. Según los estudios realizado por el Profesor, Ricard Hofrichter, históricamente, los mayores avances en salud han sido producto de reformas sociales, entre las cuales se destacan: la abolición del trabajo infantil, la reducción de la jornada laboral, la introducción de la seguridad social, la reducción de la pobreza, las mejoras en los estándares de vida y la seguridad alimentaria (Hofrichter: “The politics of health inequities. Contested terrain”).
De igual forma, otros analistas señalan que no existe correlación entre el presupuesto destinado a la salud y la expectativa de vida. Para explicar esto, toman como referencia a Japón, el cual, es el país de la OCDE con mayor expectativa de vida y con uno de los gastos en sanidad más bajos (Barry B.: “Why social Justice Matters”).
Poco sirve continuar realizando grandes inversiones en el sistema hospitalario sin que exista el acompañamiento de unos planes de prevención en salud, que permitan disminuir en la mayor medida de lo posible el surgimiento de enfermedades, la propagación de virus, los accidentes laborales y de tránsito, así como la criminalidad. Esto se obtiene a través de un concepto integral de sociedad, donde concurren, entre otros aspectos importantes, la seguridad alimentaria, la cultura cívica, la calidad del agua y de los alimentos, las condiciones de higiene, los lugares de esparcimiento, la educación, la seguridad ciudadana, las buenas condiciones laborales y la seguridad vial.
En el caso de Colombia, para lograr un equilibrio entre el sistema médico y el sistema de cultura sanitaria, una de las problemáticas que debe afrontarse se encuentra en el reto de reducir los márgenes de pobreza. El 27 de diciembre de 2021, el DANE presentó las estadísticas de pobreza monetaria del año 2020 en Colombia, de las cuales, es posible observar que se reportaron 20.011.612 personas desocupadas en edad de trabajar, mientras que, del censo de personas ocupadas, 5.999.484 se encontraban en condición de pobreza monetaria.
En relación con la pobreza multidimensional, que arroja resultados importantes para determinar en qué nivel se encuentra el país en cuanto a los mecanismos de prevención y conservación en salud de una población, el último informe del DANE muestra que para el año 2020, este índice se ubicó en el 18,1% a nivel nacional, mientras que para las cabeceras fue de un 12,5% y para los centros poblados y zonas rurales de un 37,1%.
En cuanto al trabajo infantil, los datos del Ministerio del Trabajo y del DANE muestran que, a partir del año 2019, se viene presentado una disminución en el número de menores que trabajan, ya que se pasó del 5,9% en 2018 al 5,4% en 2019, ubicándose en 586.000 niños en ese año. Para el año 2020, la cifra se ubicó en 4,9%, con 523.000 niños, con lo cual, Colombia se ubica en el país andino con la tasa más baja.
Lo que se pretende decir es que en Colombia, el sistema de salud se debe abordar desde una perspectiva doblemente reflexiva: (i) por un lado, con un sistema médico que debe mejorar las condiciones de infraestructura y equipamiento de los centros de salud, al mismo tiempo que amplía la cobertura poblacional e incorpora el mejoramiento en las condiciones laborales de los trabajadores de la salud; y, (ii) por otro lado, con un sistema de salud preventiva, mediante el cual, se mejore la calidad de vida de las personas, se reduzca el trabajo infantil, se garantice la seguridad alimentaria, se fortalezca la cultura sanitaria y el respeto por el medio ambiente, así como también, se reduzca la accidentalidad de tránsito y la criminalidad.




