Ser locutor es mucho más que hablar frente a un micrófono. Es contar historias, emocionar, acompañar y dejar huella en los oyentes. Sin embargo, aún muchas personas confunden esta profesión con el periodismo. Aunque ambos comparten el poder de la palabra, sus misiones son distintas: mientras el periodista busca noticias, investiga, escribe crónicas y realiza entrevistas, el locutor anuncia, presenta, conduce programas y da vida a la radio y la televisión.
En Colombia, han existido grandes locutores y periodistas que han dejado una huella imborrable en los medios. Nombres como Juan Gossaín, Yamid Amat, Edgar Artunduaga, Darío Arismendi, Yolanda Ruiz, Margot Ricci y Silvio Cohen han marcado generaciones con su estilo inconfundible. Algunos han sido polifacéticos, moviéndose con maestría entre el periodismo y la locución. También están las voces icónicas de la locución comercial, como Humberto Cancio, quien identifica el Noticiero Caracol de Televisión, o Gonzalo Ayala, líder de la radio musical del Circuito Todelar.
- Cómo llegué a la radio
Recuerdo el primer día que pisé una cabina de radio: las luces del panel de control, el olor a papel de libreta de apuntes y el sonido del micrófono encendiéndose. No sabía que ese sería el inicio de una vida dedicada a la radio. Todo comenzó porque alguien me escuchó y creyó en mi voz.
Fue Fernando Urbano, gerente y director de Radio Palmira, quien me dijo: “Tu voz tiene que estar en la radio”. A los tres meses, me llamó para ofrecerme un espacio en la emisora. Él mismo le puso nombre: Operación M2. Así, sin haberlo planeado, llegué a este mundo gracias a la voz que Dios me dio.
El periodismo apareció poco después, cuando Hernando Benavides Manjarrez me sugirió que las entrevistas que hacía en radio las publicara en la revista Candilejas, del periódico El Pueblo de Cali. Aprendí rápido, escuchando a los mejores: Fernando Franco García, Joaquín Marino López, Jaime Echeverri Loaiza. Me nutrí de los programas deportivos de Óscar Rentería, Mario Alfonso Escobar, Rafael Medina Corales, y de las narraciones inconfundibles de Napoleón Perea, Édgar Perea y Luis Alberto Payares Villa.
Cuando llegué a Caracol Radio en Cali, me enfrenté a un requisito ineludible: debía obtener mi licencia de locución en quince días o no podría seguir trabajando. En ese momento, era locutor en Radio Tigre. Me presenté a los exámenes, los aprobé y obtuve mi licencia. Fue una época dorada: incluso me gané el premio Voz Revelación en el Valle del Cauca.
Ser de Tolú y haber aprendido radio en Cali me convirtió en un apasionado de este arte. Más tarde, dirigí Radio Chacurí en Sincelejo y me afilié al Colegio Nacional de Periodistas, gracias al apoyo de Lelis Enrique Movilla Bello y Manuel Morón.
- Homenaje a los locutores locales
Después de más de cuarenta años en este oficio, quiero reconocer a los grandes locutores locales que han dejado su huella en la radio: Felipe Bertel, Sergio Berrío, Aurelio Gómez Jiménez, Jorge Gómez Jiménez, César Castro Royet, David Bertel, Francisco “Pacho” Vega, Aníbal Paternina Padilla, Edwin Arrita Baquero, Sergio Ramírez, Carlos Martínez Ortiz, Armando Pérez, entre otros que escapan a mi memoria.
- El cambio en la profesión
Hoy, en Colombia, ya no se exige licencia para ser locutor ni tarjeta para ejercer el periodismo. Esto ha impactado la calidad y el respeto por la profesión. Las universidades han hecho su aporte con sus facultades de comunicación y periodismo, pero la verdad es que todo tiempo pasado fue mejor.
Aun así, la esencia de la radio sigue viva. Porque un locutor no es solo una voz: es un puente entre el sonido y el alma del oyente.



