Días atrás, recibí en mi correo de WhatsApp, un enlace donde Juan Gossain a lo líder, explica la realidad colombiana, según su criterio. Un criterio insuficiente que aparta de las debilidades morales y materiales a los diferentes mandatarios y culpa al resto de indígenas del país, de todas las desgracias existentes.
Olvidó decir, que este es el resultado de cientos de años en los que el país ha sido manejado como un territorio, no como una Nación. Un pueblo sin educación, sin cultura cívica. Una población apabullada y abusada. Un pueblo tratado como constituido por seres inferiores sin ningún valor humano, donde el único valor es tener dinero y poder, conseguido a base de fraudes.
Ese es el resultado de la forma como hemos crecido. Todavía hoy, el que ha logrado posicionarse en el poder, se niega a reconocer y admitir que un país se construye con todos y entre todos. Si no, será como un hermoso edificio sin cimientos, que al primer ventarrón se vendrá abajo. Un país de cincuenta millones de habitantes, gobernado para el regocijo de cuatro o cinco millones, no es equitativo. Hasta esos pocos, disfrutarían de un mejor país, si lo acompañan su desarrollo social y económico.
Hay que tener en cuenta, que el colombiano está cansado de una lucha desigual de años, de soportar el abandono de los mandatarios, del desprestigio internacional al que han sometido a la nación y del mercantilismo existente a todos los niveles. Colombia está atada a un pasado que no se ha podido liberar de la postergación que ha tolerado durante siglos. Es doloroso y trágico, pero es lo que somos. Lo que está pasando hoy era previsible.
Aun así, nos enorgullecemos de los que a pesar de la burocracia existente, del racismo, y de las dificultades económicas, han logrado salir adelante y ser artistas notables, que se han situado entre los grandes: pintores, escultores, escritores, cantantes, músicos, fotógrafos, deportistas entre otros, hoy reconocidos en el mundo. Unos a base de un enorme esfuerzo personal y otros, aunque nacidos con un premio bajo el brazo para los que la lucha no llegó a ser tan cruel, entre todos, han donado un estatus superior al país.
No hay que olvidar a los productores de reconocidas series televisivas para deleite del mundo entero, como fue Betty la fea y muchas más.
Es bueno que el pueblo proteste y ojalá de forma pacífica. Pero, pretender que lo haga de manera tan civilizada, es aspirar a que en un plis plas, las mentes enquistadas en el resentimiento, en el dolor, en el hambre, y sin barita mágica, den un giro de ciento ochenta grados, y aparezca la luz para todos incluyendo a la policía e infiltrados.
No hay que olvidar, que las mentes de los mandatarios, qué serían las hadas madrinas, deberían ocuparse muy bien en la decoración de esta enorme carroza, para poner a funcionar sus metamorfosis internas. Pasarán años (más de cincuenta, si se hace bien), pero se logrará esa añorada transformación tan necesaria.
Colombia debe luchar por conseguirlo, porque se lo merece. Esperemos que esta ocasión sea la definitiva y por fin lleguemos a un acuerdo que nos permita tener una sociedad más justa y equilibrada.



