Cartagena sigue sumida en una espiral de violencia que no da tregua, mientras las millonarias inversiones en seguridad pública parecen no traducirse en resultados efectivos. La noche del martes 6 de mayo fue testigo de otro episodio sangriento: Nicolangelo Alejandro Bastardo Bautista, de 29 años y nacionalidad venezolana, fue asesinado a tiros por sicarios en moto frente a un hotel en el barrio El Bosque, sobre el Corredor de Carga.
El ataque ocurrió a las 8:40 p.m., en plena vía pública, frente a testigos. Bastardo Bautista, departía con una mujer cuando fue abordado por dos hombres. El parrillero descendió, le disparó a quemarropa y huyó sin dejar rastro. Cuatro disparos –la mayoría en la cabeza– le arrebataron la vida minutos después, cuando era trasladado de urgencia a un centro asistencial.
Este no es un hecho aislado. En el mismo punto, en enero pasado, fue asesinado Ismael Eduardo Garrido Mora en circunstancias similares. ¿Coincidencia o patrón ignorado? La realidad es que la violencia se repite con escalofriante exactitud, sin que las autoridades muestren avances contundentes.
¿Dónde están los resultados? | Los cartageneros se preguntan con impotencia: ¿Qué se ha hecho con los millones de pesos invertidos en cámaras de vigilancia, patrullajes inteligentes y planes de seguridad ciudadana? Las cifras no mienten, pero tampoco protegen. Mientras las inversiones se anuncian con bombos y platillos, la sensación de inseguridad aumenta, el sicariato cobra más vidas y la ciudadanía pierde la fe en sus instituciones.
Tenía antecedentes… ¿y eso justifica su muerte? | Las autoridades revelaron que la víctima tenía anotaciones por porte ilegal de armas y violencia intrafamiliar. Pero nada justifica el hecho de que un hombre sea ejecutado a la vista de todos, como si la vida valiera menos que una bala. Es una tragedia repetida y silenciada tras comunicados oficiales que solo repiten fórmulas vacías.
Cartagena, ciudad turística por excelencia, parece tener dos rostros: uno de postal y otro de horror. En El Bosque, en San Fernando, en Olaya, en el Pozón… la muerte se pasea impune, mientras los informes institucionales siguen inflando porcentajes y presentando planes que no detienen la violencia.
¿Cuántos millones más necesitan para que los cartageneros puedan caminar sin miedo? ¿Cuántas vidas más tienen que perderse para que se reconozca el fracaso de una política de seguridad basada en propaganda?
Nicolangelo ya es parte de la lista de víctimas del sicariato en Cartagena. Una lista que crece y se actualiza cada semana, mientras la inversión en seguridad sigue sin justificar su existencia. ¿Dónde quedó el tan anunciado Plan Titán 24?



